Ya os voy avisando de que en este capitulo a una cantidad ingente de palabras mal sonantes, pero no podria ser de otra forma con el personaje que las suelta xDD
Espero que lo disfruteis y sigo trabajando en el siguiente!!!
Saludos!!
Septiembre 1933
Zona de obras en el margen
del Rio Hudson.
La isla de Manhattan se encontraba encajada entre dos
ríos.
Al este, el Rio Este. Al oeste, el Hudson.
El Hudson era uno de los mayores ríos insignia de Nueva
York. Parecía que en sus márgenes estaban teniendo lugar algún tipo de obra en
esos momentos, ya que se podía apreciar maquinaria de construcción a lo largo y
ancho de la rivera. Quizás estaban allí para afianzar los márgenes del rio,
pues varias de esas máquinas eran para excavar el fondo, y se encontraban
montadas por toda el área.
Y allí, en los márgenes del grandioso Hudson, había una
chica.
Eve Genoard permanecía bajo el nublado y grisáceo cielo,
intentando en vano mantener la calma, ya que la expectación y la ansiedad
corrían a partes iguales por sus venas.
El metálico cielo hacia juego con las viejas máquinas que
estaban aparcadas en la zona. Sin embargo,
las ropas de la chica, de un blanco impoluto, no conseguían fundirse con
el ambiente, pero no le prestaba ninguna atención a eso. Solo miraba con
nostalgia a las obras.
Si con sus caros ropajes no era suficiente, su porte
dejaba claro, a simple vista, que provenía de una familia pudiente. Y como para
confirmarlo aún más, una voz preocupada habló a su espalda.
“¡Srta. Eve! Esta brisa marina no puede ser buena para
usted.” Dijo el viejo mayordomo, preocupado por su señora.
Pero la chica simplemente negó con su cabeza, sin hacer
amago de irse.
“Lo siento, Benjamin… Pero si no hay problema, solo
quiero… yo solo quiero quedarme un poco más aquí.”
El mayordomo guardo silencio y dio un paso atrás,
volviendo a su silenciosa guardia, respirando el salado aire marino mientras
vigilaba a su joven pupila.
Las obras eran unas como tantas otras, un simple
procedimiento administrativo del mantenimiento de la ciudad, pero para Eve eran
un asunto personal, uno que afectaba al destino de un familiar suyo.
… Su hermano inmortal había sido enterrado vivo en algún
lugar del rio.
Había venido a esperar al rio porque creía en ese hecho,
el cual, cualquier otro lo hubiera considerado inmediatamente una absurda
fantasía.
Era la única pista que tenia del paradero de su hermano
mayor, quien había sido dado por muerto.
Tras una serie de vertiginosos acontecimientos, había descubierto esta
verdad, y agarrándose a esa información como a un clavo ardiendo, se había
mantenido en sus trece de encontrarlo.
Ya había pasado un año y seis meses desde que había
conocido donde se había enterrado a su hermano. Esos dieciocho meses habían
sido como una eternidad para ella, pero teniendo en cuenta que en ese tiempo
fue capaz de organizar una obra no programada, con la excusa de limpiar los
márgenes del rio, no se podía decir que hubiera perdido el tiempo.
No importaba como de rica hubiera sido su familia, no se
podría haber permitido excavar en el fondo del rio por sus propios medios.
Así que había decidido financiar el proyecto de
mantenimiento del rio, enmascarando su verdadero deseo de salvar a su hermano
con el pretexto de apoyar la conservación de la ciudad.
A cambio de su apoyo monetario, exigió que se dragará el
fondo del rio y se recogiera todo lo que en él hubiera. Esa era una de las
tantas medidas que había puesto hasta el día de hoy.
Por supuesto, cabía la posibilidad de que el bidón de
metal en el que estaba su hermano, hubiera sido llevado rio abajo por la
corriente, desembocando en el gran Océano Atlántico.
Pero mientras mantuviera la más mínima esperanza de
salvarlo, la chica estaba preparada para lidiar con cualquier adversidad para
conseguirlo.
Se reencontraría con él de nuevo. Ella guardaba el sueño
de ese momento en su pecho, mientras veía a las maquinas trabajar.
Entonces, en el tercer día de dragado del rio que precedía
al resto de trabajos que se llevarían a cabo, uno de los trabajadores vino
corriendo hacia ella, casi sin aliento.
“Uh, us-usted es la Srta. Genoard, ¿verdad?”
Se veía que había venido corriendo todo el camino desde la
zona de obras para verla. Eve noto como se le aceleraba el pulso al asentir.
“¡Hemos, hemos encontrado esos barriles! ¡Justo como
dijo!”
Había más que sorpresa en la voz y las acciones del
hombre, una pequeña traza de miedo sugería que había presenciado algo fuera de
lo ordinario.
“¡Los encontrasteis!”
“¡P-p-p-pe-pero había, había, había gente! ¡Dentro!
¡Dentro de ellos! ¡De los barriles!
¡Respirando! ¡Aun vivos!”
Estaba verdaderamente conmocionado. Era difícil
encontrarle sentido a lo que estaba diciendo, pero Eve lo entendió
perfectamente.
No sin poca dificultad, convenció al trabajador para que
le dijera la ubicación de los barriles e inmediatamente salió para allá, sin
hacer caso de los gritos de preocupación de su mayordomo.
…¡Dallas!
Había visto con sus propios ojos lo que significaba ser
inmortal.
Su hermano había estado bajo el agua durante años, y si
fuera un ser humano normal, ella hubiera sido demasiado optimista si esperaba
encontrar un cadáver completo… pero sabía la verdad. Si creía en las palabras
del mafioso que le había contado todo, su hermano estaría sano y salvo.
No, incluso aunque estuviera herido, incluso aunque se
hubiera convertido en unos lastimosos huesos y carne podrida, mientras
estuviera vivo…
Mantenía esa esperanza en su corazón mientras corría al
almacén donde se guardaban los objetos recogidos del fondo.
Pero…
Lo que vio allí era completamente diferente a lo que
esperaba
“¿Oh…?”
La escena que recibió a Eve fue la de un puñado de
trabajadores tendidos en el suelo, y tres barriles de acero de pie en el
centro.
Toda clase de basura había sido apilada en las esquinas
del amplio depósito. Un poco más allá, dispuestos de cualquier manera, como si
ellos también hubieran sido sacados del rio, había gente.
“¿Qué está pasando…”
Cogida por sorpresa ante el inesperado panorama, corrió
hasta uno de los trabajadores y le sacudió despacio. Sabía que no debería
haberle tocado, pero parecía que no estaba herido así que le dio un suave
empujón…Ninguna reacción. El hombre aun respiraba, pero parecía que estaba
fuera de combate.
“¿Qué ha pasado aquí?”
Dejó al hombre donde estaba y se acercó con cautela a los
barriles del centro del almacén.
“… ¿Dallas está dentro de uno
de esos?”
Sin darse cuenta tragó saliva con fuerza. Su garganta se
había quedado seca de repente ante la situación. Uno de los contenedores estaba
tumbado sobre su lateral, pero ella no veía nada dentro que se pareciera a una
persona. En su lugar, por algún extraño motivo, parecía que había libros,
piezas de ajedrez, y una baraja de cartas, mezclado todo con el cemento que se
había roto.
El coraje de Eve flaqueó ante la extraña visión, pero no
se dio por vencida, manteniendo su mirada fija en los barriles mientras se
aproximaba lentamente.
Estaba lo suficientemente cerca como para ver el contenido
de uno de los barriles que estaban de pie, y divisó algo que podría ser pelo
humano.
“Uuuuugh…”
Un gemido emergió del interior, a medida que ella se iba
acercando más.
“¿¡Dallas!?”
Era como si el quejido fuera una señal, y Eve recorrido la
distancia hasta el barril en un suspiro. Hizo caso omiso del lodo del rio que
cubrió sus manos y ropas cuando agarro el borde para mirar dentro.
Allí, acurrucado, había un robusto hombre.
Trozos de barro y algas estaban enredados con su pelo, y
la mayoría de sus ropas se había podrido hacia mucho, pero la piel del hombre
solo estaba mojada, sin rastro alguno de descomposición. De cuando en cuando
gemía y tosía agua sucia por su nariz y boca.
Había escuchado sobre ello, claro, pero ver en primera
persona la prueba de que un ser humano haya sobrevivido a tal odisea seguía
siendo, cuanto menos, chocante. Si no lo hubiera sabido de antemano, nunca
hubiera creído que el hombre había sido recogido del fondo del rio.
Podía diferenciar con facilidad sus facciones, a pesar del
grueso lodo.
Eve estudió el rostro del hombre y se sorprendió.
“¿Tú no eres…Dallas?”
Sabía que dos de los compinches de su hermano fueron
enterrados con él, así que eso significaba que este hombre debía ser uno de
esos dos.
Eran tres los barriles del almacén. Los números cuadraban.
Pero lo que le preocupaba a ella era que uno de ellos
estaba vacío.
Rápidamente se dirigió al segundo barril que estaba en pie
y miró dentro. Efectivamente, había un hombre, en tan mal estado como el otro,
y efectivamente, él no era su hermano tampoco.
“Esto… esto no puede estar pasando…”
Mientras miraba al último y vacío barril, Eve era incapaz
de esconder su turbación.
Quizás los trabajadores ya le hubieran sacado y estaba entre la gente que yacía
inconsciente alrededor de ella.
Se dio la vuelta y empezó a buscarle, sin parar siquiera
para coger aliento, pero su hermano no estaba allí.
“¡Srta. Eve! ¿Qué está pasando aquí?”
Benjamin por fin había conseguido llegar a donde estaba su
señora, y también le había sido imposible contener su asombro.
La voz del mayordomo resonó en el vasto almacén… y, como
si fuera una respuesta, uno de los montones de escombros de las esquinas se
movió.
“¿¡Dallas!?”
Eve voló hacia allí, olvidándose de su propia seguridad.
Se abrió camino entre el bosque de vigas y piezas de coches, y descubrió una
única silueta, acuclillada tras una pila de basura, temblando violentamente.
Sin embargo, no era su hermano si no un joven trabajador,
uno de los que había estado trabajando en el proyecto de dragado.
“¡Aggh!”
El hombre dejó escapar un corto gruñido cuando vio a Eve,
pero pronto se dio cuenta de que lo que había aparecido ante él era simplemente
una chica normal, y poco a poco pareció volver en sí.
“Por favor, cálmese… ¿Está bien? ¿Qué pasó aquí?”
Al principio el hombre no podía más que abrir y cerrar la
boca sin emitir sonido. Poco a poco fue encontrándose cómodo gracias al suave
tono de voz de Eve, y empezó a explicar lentamente lo que había ocurrido.
“Justo cuando uno de los chicos se fue, para llamarte,
Señorita… U-una gente muy extraña llegó y saco a los que estaban en los
bidones… ¡intentamos detenerles pero nos dieron una paliza en un momento! ¡Así,
de golpe! ¿Q-que cojones eran esos tipos? Ha-había una mujer con ellos también.
Fue, fue como un truco de magia, cuando sacó la vara que llevaba y se convirtió
en, en, en una lanza o algo así, y luego se puso a golpear y apuñalar a la
gente con la punta…”
En ese momento, el hombre había huido a esconderse, así
que no sabía que podría haber ocurrido después.
Eve y el mayordomo escucharon con atención. En poco
tiempo, llegaron otros trabajadores de
la zona de construcción, atraídos por el revuelo, y pronto el almacén se
convirtió en un caos.
La chica se escabullo del lugar y se giró hacia su
mayordomo, con la tristeza pintada en su rostro.
“De verdad creía que finalmente sería capaz de reunirme
con él, Benjamin.”
“Srta. Eve…”
“… Pero no me voy a dar por vencida. No sé quién ha
raptado a Dallas… ¡Pero al menos sé que está vivo!”
El mayordomo sabía que la actitud valiente de su señora
solo era fachada.
Pero asintió inclinó la cabeza y puso todo el entusiasmo
(aunque fuera fingido) que pudo en su voz, y respondió convencido.
“¡Por supuesto, Srta. Eve!”
Eve asintió con resolución y se puso en marcha. Dio el
primer pasó de su nueva misión para encontrar a su hermano. No tenía apenas
pistas del misterioso grupo que lo habían raptado, y estaba claro que la
situación le venía grande.
Pero mantuvo su cabeza alta, sin atisbo de vacilación o
remordimiento en su caminar.
“Pero… ¿Por qué se habrán llevado a Dallas? ¿Quién puede
conocerle aparte de mí y del Sr. Gandor?…”
______
Agua.
Lo inundó todo.
Pasó en un abrir y cerrar de ojos.
Todo había acabado igual de rápido.
Me sacaron en medio de la noche y me arrojaron al rio. El
agua se colaba en el bidón por los agujeros que tenía.
Para cuando me di cuenta del frio que hacía, el barril ya
se había llenado hasta arriba.
Para cuando pensé en gritar pidiendo ayuda, mi voz ya solo
se escuchaba en el rio.
Agua
Era agua.
El agua se llevó por completo mi mundo, desalojando el
aire de mis pulmones, de mi estómago, de mi garganta, de mi boca. Poco a poco,
a poco, a poco, sin importar cuanto me resistiera.
Todavía puedo recordar el sabor de la primera vez que el
agua entró por mi nariz.
No puedo parar de temblar. El agua fluyó por mi nariz y
pude notar su jodido sabor.
Ese sabor, que venía de mi nariz y de mis ojos y de mi
garganta, cambió. Pasó a ser el sabor de mi propia sangre.
Cuando ese sabor alcanzó mis pulmones empecé a toser. Tosí
lo que quedaba de aire junto con el agua del rio. Cuando intenté respirar de
nuevo, por supuesto, solo había líquido
Duele.
Eso era todo lo que podía pensar. Cada vez que pensaba que
no podría ir a peor, empezaba a dolor mucho más.
Dolía, dolía, dolía, doliadoliadoliadolia….
Y luego todo se quedó en negro.
El dolor era inmenso, y dominaba a todo lo demás, incluso
a mis sentidos. Todo se volvió negro.
No era como irse a dormir, o como desmayarse. Podías ver
que todo estaba negro, ¿me entendéis?
Lo único que quedaba en la oscuridad era el dolor.
Aaah, me pregunto cuanto tiempo pasó hasta que la palmé.
Mierda. Mierda, mierda.
¿Por qué puedo recordar tan bien estas cosas?
No quiero recordar mierdas como esas.
¿Cómo puedo recordarlas tan alegremente, joder?
Ojalá pudiera olvidarlas.
Cada vez que lo recuerdo, vuelven todo el miedo y el dolor
que sentí.
No quiero recordarlo nunca más. ¿Quién coño querría? Que
os jodan, recuerdos.
Necesito otra cosa. Otra cosa en la que pensar.
Sí. La primera cosa en la que tengo que pensar es…
… ¿Dónde demonios estoy?
“¿Sabías que la persona que inventó los bidones de acero
fue una mujer?” se oyó decir a alguien.
¿Quién es? No reconozco la voz.
“Se llamaba Nellie Bly. Hasta hay una canción de ella, así
que puede que te suene el nombre. Quiso emular a Julio Verne con su “Vuelta al
mundo en ochenta días”, y la completó en solo setenta y dos. Impresionante,
¿verdad?”
Miré por toda la habitación, buscando a ver quién era el
que no paraba de ladrar como un disco rayado.
Estoy tumbado en una cama. Puedo ver una lámpara muy cutre
colgando del techo de madera.
No hay nada más en la habitación. Ni un armario, ni un
aparador. Solo lo mínimo imprescindible, creo – una silla, una mesa, una cama.
Nada que pueda venderse por mucho dinero.
“Y tú has pasado años encerrado dentro del barril que ella
inventó. Es cosa tuya si te tomas eso como un honor o algo por lo que
maldecirla.”
Maldita sea, ¿Quién cojones está hablando y por qué no
puede cerrar la puta boca?
Le encontré. Sentado en una silla como si fuera el rey del
lugar. La había dado la vuelta y estaba sentado como si fuera una silla de
montar, con los brazos cruzados tras el respaldo. Me está mirando.
Lleva gafas, y el pelo se lo tapa con un pañuelo negro.
Nah, seguro que está calvo. Puedo ver una especie de tatuaje en su sien,
extendiéndose hasta la parte de atrás de su cabeza. Friki. Mírale que ojos de
besugo tras esas gafas.
“Me pregunto lo gracioso que estarías. No podías ni morir
en el rio. Probablemente te pasaras el tiempo ahogándote, lloriqueando y
deseando que todo se acabara.”
¿Quién demonios te crees que eres? Maldita sea, no me
responde el cuerpo. Ojalá pudiera levantarme y partirle la cara a este payaso.
Joder.
“No te pongas nervioso. No entiendo porque tengo que ser
el objeto de tanto odio. Después de todo, te he salvado.”
¿Salvado? ¿A mí? Me sacó de ahí, entonces… Espera, en
serio, ¿Dónde leches estoy? ¿Esto no es el Cielo?
¿Todavía estoy vivo? ¿Ya no tengo que seguir muriendo y
muriendo en ese maldito rio nunca más?
Espera. Espera. Cálmate. Las celebraciones pueden venir
después de que averigüe quien es el capullo que tengo delante.
Como sea, si ya no tengo que morir más… Quizás vaya a
hacer una visita a Papi. Puede que él y mi hermano ya hayan estirado la pata y
la herencia sea ahora toda mía. Aunque creo que lo único que le queda a la
familia son la casa y las tierras. Bueno, qué más da. Si lo heredo todo, le
compraré un regalo o algo a Eve…
No, hay algo que debo hacer antes que eso.
Venganza.
Voy a matar a todos los que alguna vez se han reído de mí.
Los hermanos Gandor. Esos hijos de puta son los que me
tiraron al rio.
El vejestorio que me mangoneo. Sirrah o Sara o Serred o
algo así.
Esa zorra, Ennis. Me humilló más de una vez.
Quien sea el que conducía el coche que me atropello… No,
espera. Lo recuerdo, lo recuerdo.
El que conducía era ese retrasado y su putita, esos a los
que dimos una paliza el día anterior a todo aquel follón.
Y por encima de todo, tengo que matar al hijo de puta que
está en el fondo de todo esto.
Firo. Firo Prochainezo.
Ah, qué alivio.
No he olvidado su nombre. Ese pequeño bastardo
probablemente siga vivo también. Mierda,
juraría que le dispare en la cabeza… ¿Puede que fallara?
¿A quién le importa? Voy a
asegurarme de matar a cada una de las personas que he recordado.
Sí, soy inmortal. Todo lo que tengo que hacer es ser un
poco cuidadoso y no tendré problemas en matarlos a todos. Y con los otros
inmortales, el vejestorio gordo y esa zorra de Ennis, los pondré en unos
bidones, a ver si les gusta.
Primero, creo que buscare a ese par de retrasados…
“No sé qué es lo que estarás pensando, pero…”
¿Qué? Deja de meterte en mis fantasías, maldita sea.
“… ¿no tienes un poco de curiosidad por saber que está
pasando? ¿Tienes alguna pregunta? ¿O aun estás traspuesto?”
Oh, cierra la boca. ¿Qué cojones voy a tener que preguntarle
a un idiota como tú?
Oh, sí, ¿Dónde narices estoy? ¿Y quién demonios eres tú?
¿Tú? ¿Salvándome a mí? Pffft.
No recuerdo que me ayudaras, así que no voy a creer tu
palabra, imbécil.
“Dallas Genoard. Veintidós años. Un individuo que no vale
para nada, aunque hay registros de ratifican tu victoria una vez en un torneo
de billar en el vecindario… Hmmm. No eres lo que esperaba.”
Vale. También te mataré.
Cierra la puta bocaza y muerte. ¿Quién hostias eres?
Maldita sea, no puedo abrir la boca. No puedo ni
insultarle a gusto a este triste idiota.
“Venga, vamos. No me mires así. Vas a hacer que me orine
encima. Parece que no quisieras agradecerme por haberte salvado. Hmmm. Quizás
debería haber traído a los otros dos.”
¿Los otros dos? ¿Qué otros dos? Oh, ya, tiraron a alguien
más junto conmigo, pero que me aspen si puedo recordar sus nombres.
Como sea. Da igual.
Lo que importa ahora es encargarse de este idiota charlatán
y salir de la habitación. Ah, mierda, no me responde el cuerpo.
“Ah, sí. Te inyecté una sustancia paralizante, así que no
vas a poder moverte por ahora. No te esfuerces.”
Te mataré… Espera y lo verás.
“Creo que te he dicho que no me mires así. Escucha, esto
son negocios. Tengo una oferta para ti que puede hacer ganar dinero.”
¿Dinero?
Vamos a escuchar al calvorota un poquito más.
“Es una transacción muy sencilla. Tú cooperas con
nosotros, y consigues una considerable cantidad de dinero, más de la que un
trabajo de este tipo podría darte.”
Dinero, eh. El dinero siempre está bien.
Pero no me gusta la parte de ´más de la que un trabajo de
este tipo podría darte´ . Dame números, idiota.
“Por supuesto, si te niegas, alguien ira a hacer
submarinismo en un barril al rio Hudson de nuevo.”
… ¿Ah, si? Eres un maldito hijo de puta. ¿Crees que voy a
asustarme de ti con esas amenazas?
Bien, fingiré que estoy de acuerdo con esta mierda, y en
cuanto pueda, cojo el dinero y me piro antes de que os deis cuenta.
“Naturalmente, esa persona seria tu hermana pequeña, Eve
Genoard.”
…
…¿Cómo?
…¿¡Cómo!?
“¡Jaja! ¡Si pudieras verte la cara! Para serte sincero,
estaba un poco preocupado cuando nos pusimos a investigar tu pasado. Tenía mis
dudas de si la táctica del rehén funcionaria con una escoria como tú, ¿sabes?
¡Pero mírate! Puedes apuñalar a tus aliados por la espalda sin pensarlo dos
veces, pero en el momento que se menciona a tu hermana…¡Oh, menuda expresión!
Sí, sí. La mirada que me estas echando ahora no tiene ni punto de comparación
con las de antes. No es solo odio. Hay también miedo mezclado con él, miedo a
que puedas perder algo preciado para ti.”
¡Mierda, mierda, mierda!
¡Qué cojones! ¡Que cojones, tío! ¡De verdad! ¡Esto no
tiene nada que ver con Eve, puta mierda!
… Vale. Bien. Lo admito. ¿Ya estas contento? ¿¡Eh!?
Me preocupo por Eve, ¿vale? ¡No quiero que muera!
Pero si sabes tanto de mí, probablemente sabrás que si
tocas un puto pelo de su cabeza, conseguirás un pase VIP a mi lista negra, ¿de
acuerdo? Te matare, te matare, te matare, ¡no importa como tenga que hacerlo!
¡Aunque tuviera que borrar al resto de los que están en esa lista! ¡No, iré a
rogarles de rodillas si eso supusiera tu muerte!
“Lazos familiares, ¿hmmm? Debe ser bonito. Siendo sincero,
envidio ese tipo de cosas.”
¿¡Que cojones me importa lo que pienses!?
“Cierto, se me olvidaron las presentaciones. ¡Ey, Adelle!
Diles al resto que entren.”
La puerta de la esquina se abrió a la llamada del rarito,
entrando un puñado de gente. Joder, todos parecen idiotas.
Y entre estos payasos, hay una chica, quizás un poco más
joven que yo, que verdaderamente parece tonta. No para de estremecerse como una
idiota mientras habla.
“Uh, ummm… Tim, ¿estás seguro que esta persona está bien?
Me está mirando.”
“No te preocupes, Adelle. Eso solo significa que nuestro
plan del rehén está dando resultados.”
Ajá, asi que el nombre del friki es Tim. Recibido.
Memorizado queda. Date por muerto, hijo de puta.
“De cualquier manera… no te preocupes. No es que estemos
vigilando a Eve ni nada por el estilo.”
…
“Pero si nos traicionas o te niegas a cooperar, Adelle,
aquí presente, irá a hacer una visita a tu hermana pequeña, y matarla de paso.”
¿Esta mosquita muerta? ¿Me estas tomando el pelo? ¿Tan
estúpido te parezco?
Le lancé una mirada a la chica, y ella asintió
tímidamente, murmurando “Encantada de conocerte”. ¿Qué, también es otra rarita?
Joder, ¿Qué pasa con esta gente?
¿Por qué me estáis haciendo esto? ¿¡Que he hecho yo para
merecer esto!?
No, da igual. Es cierto que he hecho muchas mierdas como
para catalogarme como ´gente mala´ ¿Pero y que! Algún día pagaré por todo ello.
Es solo que… ¡Esto no tiene nada que ver con Eve!
Maldita sea, ¡os mataré a todos! ¡Y no penséis que va a
ser rápido! ¡Voy a mataros de tal forma que maldigáis el día que os atrevisteis
a amenazar a Eve! ¡Será demasiado tarde para pedir perdón, jodidos idiotas!
“Supongo que debería presentarme como dios manda. Soy Tim.
Imagino que deducirás que soy el líder de este pintoresco grupo.”
¿Quién cojones te ha preguntado el nombre? Yo no,
estúpido.
“¿Quién…hostias…sois…, cabrones?”
Por fin puedo hablar. Parece que la garganta se me va a
hacer pedazos, pero he sido capaz de escupir la pregunta. Pero ese subnormal de
Tim ha respondido tan pronto que me ha sacado de los nervios.
“Somos los Larvae (1).”
“Somos una banda de marginados, un tanto desequilibrados,
que sirven a Huey Laforet.”


No hay comentarios:
Publicar un comentario