Avance de la traducción

Avance de la traducción Baccano! 1933 The Slash, Cloudy to Rain: 107/187

jueves, 7 de marzo de 2013

Baccano! 1933: The Slash, Cloudy to Rain ~ Prólogo

Aqui viene ya lo bueno, chicos ^0^

Es un prólogo bastante largo (casi mas que muchos capitulos), asi que supongo que el resto de capis me llevara menos tiempo traducirlos que esto.

La unica dificultad que he encontrado al traducir han sido los tratamientos de cortesia, ya que en el ingles no son tan evidentes como en castellano y mucho menos aun que en japones. Pero creo que ha quedado bastante decente ^^

No se si os gustaria que hiciera una versión descargable de cada actualización en vez de solo publicarlo aqui. Si es asi, hacedmelo saber y la hago sin problemas ^^

No me enrollo más. A disfrutarlo!!!











Prólogo
Hace 8 años
El hermano mayor

--
Cris-cras, cris-cras.

Bailaban las tijeras en las manos del chico.

Como locas.

Como locas, bailaban.

Algún lugar en Nueva York
Septiembre, 1925

“Puede que sea joven…pero te aseguro que mis negocios aquí están lejos de ser un juego de niños”

“¡Oh, por supuesto, señor! ¡Nunca diría lo contrario! ¡No, señor!


El calor de la tarde aún se notaba en el ambiente nocturno.

Dos voces completamente diferentes llenaban el aire de la tienda.

En el manchado mostrador resaltaba, sobre todo lo demás, la gran caja registradora. El mostrador estaba hecho de madera, lo que podía dar a quien lo mirara la impresión de robustez, pero estaba en tan mal estado que parecía una baratija en vez de algo majestuoso.

Dicho mostrador se encontraba entre dos personas que se miraban fijamente a los ojos.

“Bueno, voy a ir directo al grano. Tienes que pagarnos,” Sus ojos afilados y el tono maduro de su voz desmentían la imagen que pudiera dar su apariencia.

“Ah, bueno…¡Err! ¡Po-po-por favor, señorito! ¡Que el Señor tenga misericordia, está asustándome! ¡No puedo ni pensar con claridad!

El hombre parecía tener tres veces la edad del chico, pero aun así se postró ante él. Llevaba un fino chaleco pasado de moda, y profusas gotas de sudor caían por su cara mientras se humillaba.

El chico, por su parte, no vestía de una forma, digamos adecuada, al tiempo que hacía. El otoño acababa de empezar, pero el muchacho llevaba una voluminosa gabardina y un sombrero gris bien ajustado por encima de sus ojos.

No prestó ninguna atención a la servil sonrisa del hombre y continuó con la conversación, su voz tan calmada como antes.

“Me desconcierta el hecho de que no puedas pagar dos mil veinticinco dólares y cincuenta centavos. Han pasado veintitrés días, catorce horas, treinta y cuatro minutos y diecinueve segundos desde que dijiste que lo harías. Presuponiendo, por supuesto, que los relojes de esta tienda sean precisos.

El chico guardó silencio, fijando la mirada en el hombre con sus aguzados ojos.

El hombre agachó la cabeza, avergonzado, y solo el sonido de los relojes resonaba huecamente en la habitación.

Tick, tack.

Tick, tack, tick, tack, tick tack tick tack ticktackticktack.

Los péndulos elevaban sus voces en una harmoniosa cacofonía.

Los numerosos relojes dispuestos en la débilmente iluminada habitación hacían obvio, a simple vista, que el hombre se ganaba la vida como relojero. Estaban colocados sin ton ni son por toda la sala, pero aparte de esto, no se podía decir que hubiera mucha variedad.

Para cualquiera serian simplemente relojes de pared marrones, el tipo que puedes encontrar en cualquier salón. Ninguno de ellos tenía alguna característica que lo hiciera destacable.; la única aparente diferencia era el tamaño.

El muchacho, Luck Gandor, de pie en esta casa de relojes, abrió una vez más su boca.

“…Por tus palabras, es obvio que no tienes el dinero para pagarnos. ¿Qué es lo que piensas hacer al respecto?”

Podía entenderle, pero no sentir pena por él.

El relojero, paralizado por la fría mirada del chico, empezó a temblar.

Intentó enseñar una débil sonrisa, aun así sudando profusamente.

“Ja..Jaja… Bueno, esto…”

“Para empezar,” Atajó Luck, cortando la explicación antes de que pudiera siquiera comenzar. “ Dos mil dólares es meramente el salario de un par de meses de un banquero. Creo que vendiendo esta tienda cubrirías de sobra esa cifra. Vender los relojes seria de ayuda también, aunque supongo que estás en esta situación precisamente por no venderlos. Así que teniendo en cuenta que los relojes no tienen ningún valor, el precio del establecimiento seria…”

“¡U-u-un momento, señorito!¡ Por favor!”

“Apreciaría que no me llamaras así” dijo Luck, entrecerrando sus ojos. El relojero sacudió su cabeza de lado a lado, farfullando disculpas.

“¡L-lo-lo siento, señori…Argh! ¡Mr. Gandor! ¡No volverá a pasar!¡Pero, pero espere un segundo! ¡Yo vivo en esta tienda, si la vendo no tendre ni un techo bajo el que guarecerme! ¡Tenga piedad, señor!”
“Siento verdadera curiosidad. ¿De veras crees que excusas de ese tipo funcionan con gente como nosotros, especialmente después de prestarte dinero? Nosotros, a quien la gente ordinaria llama mafia. ¿Esperas e nosotros que sintamos pena por los deudores que dejamos en la calle?”

Luck, el oficial ejecutivo más joven de la Familia Gandor, se acercó al relojero, la incredulidad pintada en sus ojos.

Ningún atisbo de entusiasmo juvenil estaba presente en su mirar. Solo una mirada escalofriante y despiadada que calaba hasta el hueso y hacia estremecerse.

La Familia Gandor.

Eran una pequeña organización que controlaba una, igual pequeña, porción del territorio de la isla de Manhattan. Aunque su territorio y número de miembros era irrisorio, en otros aspectos la Familia funcionaba como una autentica mafia, siendo conocida incluso por otras organizaciones de la zona.

Los dos hermanos mayores de Luck, Keith y Berga, dirigían la Familia. Luck, aun joven, era actualmente el miembro de menor rango en la organización.

Aunque por muy joven que fuera, en su mirada no había rastro de duda, por lo cual ya había sido llevado a incontables disputas de las cuales había salido mucho más duro que antes. Si el relojero se atrevía a decir algo que menospreciara a la Familia, el chico estaba más que preparado para, gustosamente, hacer que pagara por ello.

El relojero estaba acobardado por el muchacho, presintiendo que era el tipo de persona que se había hecho a sí mismo en la cara oculta de la sociedad, pero a pesar de ello, su boca siguió moviéndose.

“No, no, no, ¡por supuesto que no!¡Err! ¡Tampoco insinuo que tenga sangre fría, en absoluto, señor! Yo, uhh, quiero decir… ¡Nunca espere que pudiera librarme de esto sin pagar!

Entonces el relojero hizo una oferta que Luck no vio venir.

“Sal- saldare mi cuenta con mi cuerpo!”

“…¿Qué?”

Luck pestañeo lentamente, incapaz por un momento de entender lo que el hombre quería decir. Quizas viendo la duda del chico, el relojero rápidamente levanto sus manos, negando.

“¡Ah! ¡Por favor, no me malinterprete! No le estoy sugiriendo que me convierta en un gigolo a mi edad. ¡Solo acabo de caen en la cuenta que la Familia Gandor estaba buscando gente que contratar!

“…Pudiera ser, pero no hemos caído tan bajo como para considerar tenerte en nuestras filas”

Era un insulto, se mirara por donde se mirara, pero el relojero no parecía ofendido por ello.

“¡Por supuesto que no, señor! ¿Por qué? ¿De qué utilidad podría serles un hombre como yo? Lo de “mi cuerpo” era una forma de hablar. ¡Lo que espero es venderles a mi hijo!”

“¿Qué?”

Luck se quedó con la boca abierta, su cara reflejando sorpresa por primera vez. Parecía completamente desconcertado, y había fracasado en rotundo en intentar entender el verdadero significado tras las palabras del hombre. Rápidamente se dio cuenta de la imagen que estaría dando y cerró la boca firmemente.

El relojero, sin embargo, no se percató de este repentino cambio de expresión y se giró hacia una de las esquinas de la tienda, levantando su voz en un grito.

“¡Tick!¡Tiiiiiiick!”

El nombre perforó el aire en busca de su dueño. Luck posó su mirada en la oscura trastienda del establecimiento.

Fue entonces cuando se dio cuenta que allí, en la tienda, decorada únicamente con largas filas de relojes, podía oír algo más mezclado con el tick-tack de los péndulos.

Cris

Cras

El sonido de metal deslizándose suavemente sobre metal, un sonido que incluso tenía cierta nitidez.

Luck pronto se dio cuenta de lo que era.

Al mismo tiempo se preguntó como un sonido así podía escucharse en una tienda de relojes.

La rítmica sinfonía de tijeras bien afiladas se iba aproximando…

Y allí, en la entrada de la trastienda, apareció un “algo” plateado.

“¿Qué quiere, Padre?”

El chico que apareció era como un par de tijeras vivientes.

Lo único que hacía era abrir y cerrar las tijeras de costura que sostenía en ambas manos con un ritmo inaudito. Eso era todo.

Pero esa era simplemente la impresión que daba el chico en sí.

El brillo de las tijeras destacaba con la penumbra de la sala, y hacia que uno tuviera la sensación de que eran las propias tijeras las que controlaban los dedos y cuerpo del muchacho y no al contrario.

De hecho, inclusive Luck encontró su mirada dirigida a los filos plateados, no al chico que los sujetaba, el cual parecía dos o tres años menor que él.

“¡Oh! ¿Tenemos un cliente?”

La voz del chico era tan relajada que casi parecía fundirse con el aire, en marcado contraste con el agudo sonido metálico de las herramientas que llevaba.

Luck se espabiló del ensimismamiento que le producía, centrándose de nuevo en la cara del joven.

Su menudo cuerpo hacía imposible calcular a simple vista su fuerza. Parecía lo suficientemente amistoso, sus ojos riendo en una perpetua sonrisa.

No había nada más que destacar del chico, así que sus ojos fueron a parar una vez más a las tijeras de las manos.

Si tuviera que explicar lo que sentía, Luck hubiera dicho que tenía la impresión de que las tijeras fueran la verdadera forma del chaval, y su actual cuerpo un mero receptáculo.

“Oh, hola…” dijo el chico. La forma pesada en que tuvo de pronunciar esas palabras hacia que pareciera incluso más pequeño. Pero al contrario de hacerle parecer indefenso, le daba, de alguna forma, un aura inquietante considerando las tijeras que portaba.

“¿Y este es…?”

“¡Ah, Mr. Gandor! ¡Este es mi hijo Tick! ¡Es terriblemente bueno con sus manos! ¡Estoy seguro que será de gran ayuda para ustedes, sí señor! Así que, bueno, lo que pretendo es…¿puede llevársele como pago?”

“Tienes que estar de broma…”

Normalmente Luck hubiera entrado en cólera al ser tomado a la ligera así, pero esta vez le fue imposible.

Hay que reconocer que le había pillado con el pie cambiado la bizarra oferta del relojero. Pero más que eso, era que se había descubierto a sí mismo interesado en Tick.

Para ser exactos, en las tijeras que Tick sostenía.

Tomando el silencio de Luck como una respuesta afirmativa, el relojero desató un torrente de palabras, con el alivio pintado en su cara.

“¡Sabe que, Mr Gandor, justo recordé lo que me dijo el día que me hizo el préstamo! ¡Me dijo que si no podía devolvérselo debería estar preparado para vender a mi propia familia para zanjar la deuda!”

“Eso era solo una-“

“¡Así que nada! ¡Solo un día! ¡Póngale a prueba! ¡Si no le complace, y como soy un hombre de palabra, venderé esta tienda y el terreno en que está! ¡Ya vera como lo hago!”



“…Soy demasiado blando…” Suspiró Luck para sí mientras salía de la tienda. Al contrario que el tono frio de antes, esto lo dijo en un tono más aniñado, el cual correspondía mucho mejor a su apariencia.

El cielo se había nublado, dando la impresión de que llovería de un momento a otro. Al final de la calle podía ver la torre que soportaba el Puente de Manhattan, elevándose imponente. Construido en 1905, el puente era aun relativamente nuevo, pero su meticulosa ornamentación daba al que lo observara una sensación de majestuosa antigüedad.

Teniendo en cuenta que el negocio del deudor estaba tan cerca de una atracción turística como era el puente, no debería haber habido problemas en atraer a la clientela. De hecho, sería difícil pensar en una mejor localización. Luck pensó que el relojero debía ser extremadamente torpe manejando el negocio o tener una suerte horrible como para verse forzado a pedir un préstamo a la mafia, teniendo tal favorable circunstancia.

Él conocía el valor de la propiedad, así que había entrado en la tienda con la completa intención de presionar al relojero para que la vendiera, pero…

“… Bueno… ¿Por qué llevas esas tijeras a todos lados?”

“Es un pasatiempo.”

“Ya… ya veo.”

¿Cómo habían acabado las cosas de esta manera? Luck miró de reojo al chico que caminaba a su lado y dejó escapar otro suspiro.

“¿Qué ocurre, Mr. Luck? ¿Algún problema?” Preguntó Tick, sonriendo inocentemente.

Ante esos extrañamente afables ojos, Luck dejó escapar otro sufrido suspiro aún más largo que el anterior.

… ¿Qué demonios se supone que voy a hacer con él?

Las tijeras de sus manos eras bastante desconcertantes, cierto, pero aparte de eso no había nada excepcional en el chico. Parecía un muchacho lo suficientemente amable, pero no parecía igualmente avispado, y Luck juraría que tampoco era fuerte. Al menos tan fuerte como lo era Luck.

Esa era la valoración que Luck había hecho de Tick.

“Te llamabas… Tick, ¿verdad?”

“Sip”

“¿Entiendes en la situación que estas ahora mismo?” Inquirió Luck al sonriente muchacho, solo para cerciorarse.

“Mmm,  creo que Padre pidió dinero prestado sin ser capaz de poder devolver…Asi que me vendió a ti como pago, Mr. Luck”

“… Suficiente.”





Luck apostaría que Tick entendía las palabras pero no lo que ellas implicaban. Aun luchando contra sus dudas, emprendió el camino de vuelta a la sede de la Familia.

… De cualquier forma, si el chico resultaba no servir para nada, tendría al relojero justo donde lo quería. La tienda sería vendida y la Familia conseguiría su dinero.

Es más, Luck podría haber despachado a Tick como un inútil allí mismo e intimidar al relojero para que vendiera de inmediato la tienda, pero por alguna razón, Tick había conseguido intrigarle. Estaba el asunto de las tijeras, sí, pero los alardes que se había dado el relojero habían llamado su atención de igual modo. Terriblemente bueno con sus manos, ¿así dijo? Seguro que será de gran ayuda, había añadido después.

“Escúchame, Tick.  Si decido que no nos eres de utilidad, voy a dejarte en la puerta de la tienda de tu padre de nuevo, con una nota como recordatorio de la deuda”

“Okey. Lo haré lo mejor que pueda.” Respondió Tick, tan vivaz como antes, haciendo que Luck alzara la voz impregnada de agitación.

“¿De verdad que entiendes lo que significa ayudar a gente como nosotros? No importa como de bueno seas con tu juego de manos. Lo que importa es que te las mancharás. ¿Captas lo que eso quiere decir? ¿Estás preparado para ello?”

Dejandose llevar por la situación, Luck continuo con una mezquina pregunta.

“Digamos que, por ejemplo, te mando asesinar a alguien. ¿Serías capaz de hacerlo?” pregunto fríamente. Ahora Tick no tendría más opción que admitir qu-

“Si usted me lo pidiera, Mr. Luck” dijo Tick, sin atisbo de duda, y dio otro chasquido con las tijeras de su mano.

Luck no tenía como responder a aquello.

… Qué demonios. A este chico le faltan unos cuantos tornillos.

Luck busco una réplica que ofrecer, la boca medio abierta, pero finalmente desistió y se volvió a mirar a los viandantes.

Quizás por la lluvia no había muchos transeúntes y solo carruajes de caballos traqueteaban  afanosamente por las calzadas.

Uno de esos carruajes pasó frente a Luck, y una vez hubo desaparecido se fijó en dos personas que estaban al otro lado de la calle.

La pareja estaba compuesta por un hombre esqueléticamente delgado y otro inmensamente gordo.

Luck conocía sus caras.

Eran miembros de la Familia Martillo, una pequeña organización que operaba en la misma área que los Gandor.

“¿A quién tenemos aquí? Es el chavalín de los Gandor” bromeó el hombre delgado – Randy - cuando vio a Luck.

“De ruta cobrando deudas para tus hermanos, ¿eh?” añadió el gordo – Pecho -.

“Sí. Tengan un buen día, caballeros.”

Estaba claro que no le tomaban en serio por culpa de su edad, pero a él no le importaba.

Luck era muy consciente de lo extraño que era ver a alguien de su edad actuando como miembro de una mafia, y además, era obvio que Randy y Pecho no estaban de verdad riéndose de él.

Los dos hombres continuaron su camino y Luck hizo lo propio.

“Oh, parece que esas personas tambien tienen negocios con Padre.”

Tick se había vuelto para mirar a la pareja, y Luck también se giró para comprobar ese comentario tan despreocupado del chico, justo en el momento para ver a los hombres de la Familia Martillo patear la puerta de la tienda del relojero.

El terrible estruendo apenas había desaparecido cuando se oyeron las voces de Randy y Pecho alzarse en un temible rugido.

“¡ Ey, cabronazo! ¡Espero que tengas preparadito el dinero que nos debes, porque si no…!”

“¡Vas a tener que vender esta tienda para pagarnos la deuda de doce mil dólares que has acumulado en nuestro casino!”

Sus gritos habían sido tan altos, como para que lo oyera quien pasara por allí, deliberadamente. Ninguno de los peatones estaba más sorprendido que Luck.

…¡¿Doce mil dólares?! Es casi seis veces la cantidad que nos pidió prestada a nosotros!

Así que el relojero le había encasquetado al “niño tijera” y había apilado más deuda con otra organización.

¿Quizás el hombre había conseguido reunir lo suficiente para pagar a los Martillos? Y luego le había dado a su hijo porque no tenía suficiente para pagar a los Gandor… 

Luck lo veía bien claro. Dio media vuelta en su camino, dispuesto a enseñarle al relojero como de aterradora podía llegar a ser la Familia Gandor…

“Por favor, no lo hagas.”

El aplomo de la voz hizo que Luck se parara en seco, dando la impresión de que su propietario le había leído la mente.

“Padre ya está acabado”

“… ¿Cómo es eso?”

“Él nunca ha tenido el dinero para pagarte. Ni a vosotros, ni a ellos tampoco. Pidió prestado montones y montones de dinero como a otras ocho personas diferentes. No podría pagarlo ni aunque vendiera la tienda.” Explicó Tick calmado, con su sonrisa en el rostro aunque estuviera aireando los trapos sucios de su familia.

Luck se detuvo, enfrentándose cara a cara al muchacho, inmóvil al final de la calle.

“Por eso es que Padre está acabado. La gente que va a ir llegando ahora le amenazaran y quizás incluso le mataran. Por eso…”

Las tijeras cortaron el aire una vez más, pero la expresión de Tick no cambió un ápice.

“Creo que Padre va a huir esta noche.”

Luck había estado escuchando en silencio hasta entonces, pero cuando escucho esas últimas palabras, tomó aire, mirando a Tick como si fuera un bicho raro.

“… ¿Huir? ¿Dejando a su familia atrás?”

“Tengo un hermano pequeño.” Contestó Tick, no teniendo mucho que ver con el tema. Luck se preguntó de que estaría hablando, pero Tick continuó antes de que pudiera preguntar.

“Su nombre es Tack, y es muy muy listo. No como yo. La gente dice que es un genio, y es bueno en todo lo que haga. Es de mucha más ayuda que la mayoría de adultos. Así que Padre pensara que todo le ira bien mientras tenga a Tack con él.”

Luck se había quedado sin palabras para responder.

“Yo solo soy un estorbo, Padre iría a abandonarme de cualquier manera. Él no tiene el dinero para mantenerme. Me dijo que me fuera contigo, Mr. Luck, para así deshacerse de ti.”

Luck se percató de que el muchacho que tenía delante entendía su propia situación mucho mejor de lo que había supuesto en un primer momento.

“ … ¿Cómo puedes seguir sonriendo, sabiendo lo que sabes? A tu padre está claro, pero, ¿odias a tu hermano también?”

“¿Hmmm? Los quiero a ambos, la verdad. ¿Por qué piensas eso?”

“¿Qué por qué?...No, da igual. Ahora que se lo que había planeado tu padre no puedo dejarlo estar” Añadió Luck de manera cortante, dirigiendo sus pasos de nuevo a la tienda del relojero.

Pero… la enjuta mano de Tick le agarró del brazo.

Las tijeras hicieron un ruido metálico cuando dieron con el asfalto.

“… ¿Qué pasa?”

“Aún no lo sabes, ¿verdad? “

“¿No sé el qué?”

“No sabes cuánto puedo valer, Mr. Luck. Todo lo que sabes es que puedo valer la deuda de mi padre contigo, ¿verdad? Tú mismo lo dijiste. Le prometiste a Padre que me pondrías a prueba durante el día de hoy. Dijiste que comprobarías si podía hacer un trabajo suficiente como para pagar esa deuda con tu familia.”

El tono suave de antes había desaparecido un tanto de su voz, dejando en su lugar aflorar el nerviosismo.

Pero incluso asi, sus ojos nunca perdieron su brillo.

…Bien, está visto que no es un completo idiota.

Luck se dio cuenta, no sin cierto alivio, que el chico tenia sentimientos después de todo.

…Está completamente al tanto de la situación en la que se encuentra, y ha aceptado las consecuencias de las cosas que deberá hacer.

“Si resultas ser inútil y tu padre huye… Serás tú el que herede su deuda.” Dijo Luck, mostrando respeto, a regañadientes, por la resolución de Tick. Con el interés renovado en el muchacho, el ejecutivo más joven de la Familia Gandor dio media vuelta, dejando de nuevo la tienda de relojes a sus espaldas.

“… Desde luego, soy demasiado blando…”

Luck se permitió dejar escapar una triste sonrisa mientras dirigía a la oficina de la Familia al otro chico. No se dio la vuelta para para mirar a la tienda del relojero, siguió su camino derecho hacia su destino.

En cuanto al chico, el cual había sido vendido por la miserable cantidad de unos cuantos salarios… Sus dedos bailaban, girando en los mangos de las tijeras.

A su vez, éstas se abrían y se cerraban a instancias de lo que aquellos largos dedos las marcasen.

Él las hacia chocar con alegría, elevándose el sonido de metal contra metal como si de un instrumento de música se tratase.

Luck echo una mirada de reojo a Tick y no puedo evitar sentir una punzada de lastima por el futuro que le esperaba.

No haba forma posible de que se fuera a convertir en un miembro de la Familia. El chico parecía demasiado benévolo como para formar parte de una organización ilegal.

Aun imaginándose el futuro del chico, Luck dio voz a la pregunta que le rondaba, solo para asegurarse por última vez.

“Aun tras esto… ¿estás de acuerdo con la situación? Ni siquiera has llegado a decir adiós a la familia que intentas proteger.”

“No es tan dramático, Mr. Luck.  Es por eso que no pienso que me vaya a arrepentir. Y los lazos entre la gente no se cortan tan fácilmente. No tienen ninguna forma física, son como el aire, así que no puedes cortarlos ni aunque lo intentes…”

Luck acabó sonriendo junto al muchacho. Su relajado buen ánimo había terminado siendo contagioso.

Pero…

“Pero eso significa, por otra parte, que la gente es fácil de cortar. Los puedes tocar, ¿sabes? Mis tijeras podrían cortarles enseguida. Eso me hace sentir triste, y feliz.”

La sonrisa de Tick se hizo más grande y un repentino escalofrió recorrió la espalda de Luck.

No pasaría mucho tiempo hasta que Luck entendiera el significado de esas palabras.

Las tijeras del chico cantaron, chocando el metal, alzando su voz por las calles.

El sonido no se mezclaba con el mundanal ruido del asfalto, en vez de eso, sonaba alto y claro hasta el final de la calle en la nublada tarde de otoño.

Como si profetizaran el camino que seguiría el joven en los días venideros.


__ __


8 años después
Sótano de la oficina de la Familia Gandor

“Es por eso que debo cerciorarme” Tick murmuró, sonriendo ampliamente al hombre que tenia delante.

Éste le contesto…
“¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaagh!”


…con un grito.


El angustioso chillido, como seda siendo rajada, hizo eco en la sencilla y pequeña habitación gris.

Tick acababa de contarle la historia de su vida al hombre que estaba torturando en ese momento, aunque la mayoría de ella había quedado ahogada por los alaridos del individuo.

Ni siquiera sabía su nombre. Él solo sajaba su piel, los dos solos en el aislado sótano.

Trocitos de color melocotón se separaban del todo, rezumando liquido carmesí de los cortes.

“Quiero ver cuanto dolor puede soportar la mente humana. Cuando pueden soportar los lazos de una persona. Estos lazos invisibles. De verdad que quiero saberlo, y por eso es que intento descubrirlo, con mucha, mucha, mucha gente diferente…”

Tick sonrió tristemente, chasqueando sus tijeras al cerrarlas.

“Los humanos son realmente extraños. Algunos no traicionarían jamás a sus amigos por mucho que se les torturara, y sin embargo, otros empiezan a hablar incluso antes de que les haga un cortecito. Creo que tú eres del tipo de los que no hablan. Eso es increíble. Lo respeto, de verdad.”

Al momento siguiente, sus hojas centellearon de nuevo, abriendo la piel del hombre.

Cortó en paralelo a la herida anterior (las dos rajas una al lado de la otra, con apenas unos milímetros de separación) , haciendo la herida mucho más cruel de lo que lo era.

“¡Gaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaagh!”

La única puerta de la habitación se abrió cuando los gritos del hombre se alzaron una octava. A través de ella entró un joven con los ojos penetrantes y afilados como un cuchillo. Luck Gandor.

“Mr. Tick… Quizás un pequeño descanso antes de continuar.”

“Claro, Mr. Luck.”

Las tijeras se cerraron a la par que Tick contestaba dócilmente, y salió de la habitación.

Luck lo vio irse durante un instante, luego camino hasta encontrarse frente a frente del andrajoso e indefenso hombre.

“…Aunque como de corto sea este descanso depende enteramente de lo que tengas que decir.” Luck comentó desenfadadamente.

Lo hombre no podía más que resollar, privado de cualquier fuerza para siquiera gritar, pero ante las palabras de Luck, alzó la cabeza para mirarle y se forzó a hablar, sus dientes temblando sin control.

“¡Po-por- por favor, n- no más! ¡Ha-hablare! ¡Te contare todo! ¡No dejes que ese monstruo se acerque a mi otra v-aaaaaaaaaaaaaaaagh!

El dolor había convertido sus palabras en un alarido, pero Luck no tuvo ningún problema en descifrar lo que había dicho.

Suspiró e hizo sonar su cuelo de lado a lado, esperando que el hombre recuperara su temple…Pero de pronto la voz del hombre se alzó en un nuevo chillido de terror.

“¡Oh, dios nooooo!”

“¿?”

Siguiendo su mirada, Luck vio que Tick había vuelto, asomándose por el resquicio de la puerta.

“Oh, ¿Hay algún problema, Mr. Tick?”

“Umm…Si no le llevas pronto a un médico, creo que se va a morir.”

La sonrisa del joven se desvaneció por un momento mientras miraba con preocupación al herido.

“Sí, sí. Me ocupare de eso. Puedes subir y tomarte unas galletas.”

“¡Genial! ¡Gracias, Mr. Luck!” Contestó Tick, de nuevo con una sonrisa en su rostro. Dio media vuelta y subió escaleras arriba tarareando alegremente para sí.

“Mr. Tick es un hombre agradable, ¿verdad que si?” Dijo Luck, y propinó una fuerte patada al hombre.

El hombre no pudo mas que boquear sin aliento ya que el aire necesario para hacerlo había salido despedido de sus pulmones.

“Pero yo no lo soy. Espero que lo entiendas.”



Tick era un hombre agradable.

Era una persona sorprendentemente inocente. Una que no tenía ningún tipo de negocio con la mafia.
Pero tenía un talento.

Era muy, muy bueno hiriendo y torturando a la gente.


Quizás ese talento surgía de su inocencia, o, como algunos decían, sus tijeras estaban malditas.

Solo había tardado un año en hacerse famoso por ser el más especializado torturador de la Familia Gandor.

Cris-cras, cris-cras.

Cada vez que las tijeras del chico hablaban, un coro de gritos las seguía.

Aun asi, él sonreía.

Inocentemente sonreía.


Cris-cras, cris-cras.

Bailaban las tijeras en las manos del chico.

Como locas.

Como locas, bailaban.




Prologo
Hace 8 años
El hermano menor

Septiembre 1925
Los Muelles



Espesas nubes cubrían el cielo nocturno, escondiendo no solo las estrellas, también la luna, para que no fueran vistas.

Pero esas nubes no anunciaban tormenta; solo el silencio reinaba sobre la oscuridad.

Ni las luces de neón de la ciudad ni el parloteo estridente de las tabernas alcanzaban esta parte de la ciudad. El chico observaba el rio que discurría a través de la negrura y murmuró silenciosamente para sí: “El mundo realmente es enorme”.

Su mirada viajaba de las negras aguas, al igual negro cielo sin estrellas.

La expresión del chico no cambiaba mientras le engullían las tinieblas que cubrían todo su campo de visión.

“Parece como si fueran a tragarme. No, estoy seguro que ya lo han hecho.”



… Lo sé.

Sé que padre está planeando en vender a Tick mañana.

Quiere venderlo a una mafia llamada los Gandor, o algo así, para cubrir una deuda de simplemente dos mil dólares.

Y luego va a cogerme a mí y salir corriendo. Solo a mí. No, si las cosas se torcieran, está pensando en venderme a mi también, por una suma mayor que la de Tick, a una camorra llamada la Familia Martillo.

Me gusta pensar que soy bastante inteligente.

No es que vaya dándome aires de nada. Solo es un hecho objetivo.

Me llaman “niño prodigio”. Puedo entender lo que enseñan en el colegio con solamente leer los libros, antes incluso de que los profesores abran la boca. De hecho, puedo ir mas allá de eso, sacando conclusiones que no se recogen en los libros de texto.

Es solo que no veo mucho mérito en ello.

¿De qué me vale mi talento cuando no puede proporcionarme lo que en realidad quiero?
Solo quiero ser feliz.

Es algo extraño para mí. Ha sido así desde que mi padre biológico murió.

Tick y yo acabamos mudándonos a este nuevo vecindario porque Madre encontró un nuevo marido- ese relojero inútil. Una nueva vida, nueva gente, nuevo ambiente.

Debería haber formado nuevos lazos familiares con mi padrastro, haber encontrado nueva felicidad.

Pero el barrio de Nueva York era demasiado grande.

Demasiado, demasiado grande.

Mamá murió de tuberculosis antes incluso de que hubiéramos acabado de instalarnos aquí.

Nuestro padrastro no se preocupaba por nosotros.

De hecho, creo que pensaba que éramos una molestia.

Pero eso cambió cuando oyó lo que se decía de mí.

Decidió que, ¿cómo decirlo?, yo sería una buena fuente de dinero para él.

Esa no era el tipo de familia que quería.

Odio a mi padrastro.

En todo lo que piensa es en dinero. Igual que yo no siento ningún afecto por él, él tampoco lo tiene por mí.

Tick, por otra parte, consideraba a su nuevo padre como familia.

Su nuevo padre, solo le tenía en cuenta como mera herramienta.

Todos somos iguales.

Si se preocupaba o no por nosotros, nuestra relación con él solo era por interés.


Odio a Tick también.

Mi hermano mayor es una persona verdaderamente inocente. Por eso es que las cosas nunca acaban bien cuando está él de por medio.

Como con mi cobaya.

Él mató a mi primera y única mascota, mi cobaya Jimmy. La había criado yo mismo, y la quería de verdad.
Tick clavó esas tijeras que siempre llevaba a todos lados en el lomo de Jimmy.

No sé por qué lo hizo.

Tampoco lo quiero saber.

No he cruzado una palabra con él desde entonces, y no tengo la intención de perdonárselo jamás.

Solo me pregunto… ¿Qué piensa de mí? Sé que el relojero es familia para él. Pero nunca he podido desentrañar lo que piensa de mí.

Tick actúa de esa forma con todo el mundo, así que no hay manera de saberlo con certeza.

Todavía. No le perdone lo que hizo, pero todavía quería creer que había algo entre nosotros, algún tipo de conexión entre hermanos. Un lazo familiar. Es por eso que pensé en quedarme con él como su familia, aunque le odiara tanto.

Pero incluso eso acaba hoy.

El relojero está planeando lanzar a Tick a los lobos y huir mañana por la noche. No quiero vivir con  alguien así. Siendo la gallina que por siempre le dará huevos de oro.

No estoy siendo arrogante. Solo estoy seguro de mi capacidad para ganar dinero (al menos mejor que la de mi padrastro, que consiguió amontonar una deuda en un casino ilegal como para tener que vender la tienda y, aun así, seguir debiendo dinero). Las formas en que lo haría no serían completamente legales, pero no importa.

No quiero vivir con mi padrastro.

Nunca sería feliz, no importa el dinero que ganara.

Imagino mi futuro con él, al igual extrapolo una nueva ecuación de las respuestas en mis libros de texto.

Solo puedo ver que me esperan días aburridos. Estoy seguro de que mis predicciones serian ciertas.

Es por eso que hui.

No diré que me voy en busca de la felicidad. Hablar así es de mal gusto.

Esto es un experimento.

Estoy llevando a cabo un experimento en mí mismo, para ver cuánto puedo alejarme por mis propios medios de las cosas que odio, de la desgracia que con certeza me aguarda.

Es por eso que no me arrepentiré de los resultados, sean los que sean. Solo tengo que modificar el procedimiento e intentarlo de nuevo. Una y otra vez, hasta que consiga el resultado que quiero.

Aun así…

Había algo que me permití deseas, solo un poco.

Han pasado dos horas desde que me escape, pero en mi pecho todavía guardo la esperanza de que Tick venga a buscarme.

Tengo la esperanza de oír su voz llamándome en la lejanía.

Es egoísta, lo sé, pero me interesa, ¿sabes?

¿De verdad existen los lazos familiares?

Es más, ¿se mantendrían firmes por alguien tan despreciable como yo, que piensa en probar algo así, solo para descubrir una potencial ganancia personal?

Por eso me permito tener esperanza.

Esperanza de que mi experimento llegue a buen puerto si alguien me llama a mis espaldas.

Si eso ocurre, tengo pensado escapar junto con Tick.

Le odio, sí, pero comparado con el relojero es mucho más-



Y detrás del chico surgió una voz.

“Tack Jefferson. Doce años. Soltero.”

Naturalmente la voz no pertenecía a su hermano, ni tampoco a su padre.

“¡¿Quién anda ahí?!”

Tack dejo de fijarse en el cielo y escudriño las sombras. Pronto se encontró con una tenue luz.

“Hmmm. Quizás la parte de “soltero” estaba demás. No, quiero decir, tengo que cerciorarme. No hay un solo fenómeno en este mundo que no sea digno de ser observado.”

Había una persona allí, iluminada por la vacilante luz.

“… ‘quiero decir’, hmm. Eso hace que me pregunte como le estará yendo a Nile (1)… Ah, perdón por divagar. No lo tengas en cuenta.”




La luz provenía del objeto redondo que sostenía el extraño, nada parecido a una lámpara que Tack hubiera visto jamás.

Tenía más o menos el tamaño de la cabeza de una persona, con una forma parecida a la de un capullo de mariposa. Era como una esfera que había sido estirada verticalmente, y cubierta con papel rígido. Tack la miró con detenimiento y se dio cuenta que en su interior había una especie de estructura constituida por alambres, unos encima de otros.

Viendo el titilante destello de luz dentro de la bola de papel, pareciera que habían puesto dentro una vela o una lámpara.

Todo esto fue procesado en un instante en la cabeza de Tack. No era momento para entretenerse en estas cosas, pero el repentino miedo del que había sido presa, le dejaba incapaz de mirar a la cara del desconocido.

“Y aunque esto pueda sonar un poco tonto, te lo tengo que preguntar. ¿Estas soltero?” preguntó el extraño, tranquilamente, sin darse cuenta de la ansiedad de Tack, y solo en ese momento el muchacho pudo levantar la vista.

Iluminado por el danzarín fulgor había… un hermoso, y perfecto rostro, como el que uno pudiera esperar de un ángel.

Tack pensó con cautela que tendría que ser un hombre.

El forma de hablar del hombre era lo único que tenía para llegar a esa conclusión. El timbre de voz en sí mismo, era andrógino, y el rostro, tan bello, que podría ser confundido con el de una mujer. La expresión del desconocido era madura, pero en conjunto parecía joven.

“Supongo que debe ser desconcertante encontrarse con un interrogatorio tan de repente. Mis disculpas. Ah, ¿te ha llamado la atención este farol? Se llama chouchin. Lo he hecho yo mismo, basándome en la descripción de un amigo japonés. Aunque está construido basándome en lo que me dijo, y nunca he visto uno, así que no sé cómo de acertada será esta recreación.”

El hombre sonrió dulcemente, para intentar calmar los nervios del chico.

Tack sintió la necesidad de hacer una pregunta, pero no pudo encontrar las palabras. Sentía una especie de tensión emanando del hombre que le hacía reacio a hablar.

El hombre mantuvo su sonrisa, mientras Tack se debatía por encontrar las palabras, y dio un paso al frente.

“Hay una cosa que debo dejar clara, antes que nada. Nuestro encuentro aquí no es ninguna coincidencia.”

“¿Com…”

Tack dio un paso atrás, incapaz de adivinar las intenciones del hombre.
No podía reunir el coraje para caminar hacia él. Pero tampoco era lo suficientemente valiente como para darse la vuelta y salir corriendo, así que se quedó clavado en el sitio, incapaz de moverse. Tal era la pintoresca apariencia del hombre que Tack no sabía si era fascinante o una amenaza.

“No, no ha sido coincidencia. Creo que esto es más importante. Si, estaba esperando que llegaras.  Sé por qué necesidades está pasando tu familia en estos momentos, y mi habilidad para ver el futuro me ha hecho saber que ibas a irte. Ya sabes (y debo disculparme por esto), te he estado observando todos tus movimientos durante el pasado mes. Y por fin mis pesquisas han dado sus frutos. Gracias a ellas he sido capaz de reunirme contigo.”

… ¿De qué está hablando?

El extraño siguió hablando, mientras Tack intentaba poner sus ideas en orden.

Parecía como si ni siquiera se diera cuenta que estaba hablándole a Tack, si no hablando para sí mismo, en un intento de confirmar por qué había venido ahí.

“Eres mucho más brillante que los que te rodean y de lo que tú mismo puedas imaginar. Vine aquí porque había oído rumores sobre un genio llamado Claire Standfield, pero parece que ya se ha ido… en su lugar, vine para saber de ti, y debo decir que quizás tu resultes más excepcional que el joven Standfield.”

El extraño dio otro paso. Un paso más cerca de Tack.

Había aun una separación de varios metros entre ellos, pero la voz del hombre se colaba en los pensamientos de Tack, como si le estuviera susurrando al oído.

“Debo de decir que me gusta tu estado de desgracia actual. Y apruebo que hayas huido y dejado tu vida atrás antes de que probaras la verdadera desesperación. Sinceramente, eres un espécimen fascinante.”

“¿Quién…eres tú?”

Era la única pregunta que Tack pudo verbalizar, y tuvo que aunar todo el coraje que, a duras penas, aun le quedaba para poder decirlo.

Ya había roto la barrera de las primeras palabras y seguro que ahora saldrían muchas más como si de un torrente se tratara. Quizás salir corriendo hubiera sido más inteligente, pero parecía que su curiosidad por saber sobre el hombre misterioso, había superado cualquier preocupación por su propia seguridad.

“Oh, ¿yo?”

El hombre plegó la capa más externa de su chouchin…y acerco su dedo a la llama de la gran vela de dentro.


“Yo soy… un monstruo.”


En su mano derecha sujetaba la base del farol, mientras que la izquierda se cernía sobre el fuego.

Normalmente, Tack lo hubiera considerado un truco de magia barato. Cualquiera puede hacer algo por el estilo si anteriormente ha enfriado lo suficiente su mano con un bloque de hielo, y luego hubiera usado astutamente una capa de humedad  o aire para protegerse de la flama.

Pero tan pronto como la mano del hombre rozo el fuego, su piel empezó a arder.

Y luego…la carne que debería haberse desprendido de su calcinada mano, retornó a su lugar original, curándose delante de sus ojos.

La mano del hombre estaba envuelta en llamas. Pero no importaba cuanto tiempo mirara Tack, su carne no se derretía por completo.

El chico tragó saliva, cautivado por el espectáculo de regeneración que presenciaba… pero luego sus ojos se endurecieron cuando empezó a analizar el fenómeno.

“¿Un truco? No, pero…”

Después de pensarlo un momento, Tack uso el método más rápido que se le podía ocurrir para explicar la situación.

En otras palabras, decidió preguntarle directamente al hombre.

“Déjame preguntar otra vez… ¿Que eres?”

“¡Oh! Estoy bastante impresionado. No había esperado que mantuvieras la calma tan bien enfrentándote a tal cosa. La mayoría de los especímenes a los que se lo enseño pierden los nervios. Incluso Goose se mostró más afectado que tú… También hay que decir, que aquella no hice una exhibición tan suave. Me abrí en canal mi propia vena yugular.”

Habia dejado completamente perplejo a Tack, pero el hombre continuo, su voz alzándose con excitación.

“Podrías haber escapado cuando viste que te molestaba, ya sabes. Esas acciones entran en el comportamiento esperado dentro del patrón humano, y no hubiera estado demasiado decepcionado… Aunque no tenía intenciones de dejarte marchar.”

Los ojos del hombre pasaron de Tack a un punto detrás de él.

Como hipnotizado, Tack se dio la vuelta para seguir su mirada y descubrió una nueva silueta tras él.

Era una chica de más o menos su edad, vestida de negro.
Estaba de pie a un metro de él, con sus dorados ojos fijos en él, tras una cortina de pelo negro.

No había nada que se pudiera considerar como emoción en esos ojos. Ella simplemente le miraba en silencio, como una marioneta.

“Chane, parece que nuestro invitado no tiene intención de huir, asi que puedes irte.”

La chica asintió y desapareció, corriendo silenciosamente en la oscuridad.

Una calma absoluta los envolvió, como si allí no hubieran estado más que ellos dos, y donde antes estaba la chica, ahora solo la luz del farol iluminaba la sombra de Tack.

… ¿Estoy soñando?

La cadena de acontecimientos tan extraños que estaba viviendo, le hizo pensar a Tack que debería tratarse de una alucinación.

La voz del hombre, que era lo más extraordinario de todo aquello, fue, irónicamente, lo que le devolvió a la realidad.








“Bien, supongo que es momento de que me presente. Mi objetivo es conocer los límites de los ´materiales, comúnmente conocidos como ´humanidad´. Para ese propósito, estoy recogiendo varios especímenes. Especímenes como tú mismo, por ejemplo…”

Se detuvo, como si acabara de recordar algo que se le había olvidado.

Tanto su mano como el farol habían vuelto a ser exactamente como lo eran antes del espectáculo con el fuego, casi haciendo creer a Tack que lo había soñado todo.

“Carai, se me ha olvidado completamente lo más importante.”

La risa desapareció de las facciones del hombre, sustituido por una fingida vergüenza mientras sacudía su cabeza.

Esos movimientos fueron tan naturales y normales, tan amistosos y reconfortantes, que no cabía duda de que estaban fríamente calculados.

“Huey. Mi…Mmm, mi nombre es Huey Laforet.”

El hombre finalmente reveló su nombre, y al mismo tiempo la razón por la cual había venido.

Era como si acabaran de encontrarse en ese momento, como si todo lo anterior hubiese sido de verdad un sueño.

“Quiero llevarte conmigo. Vengo del mundo feliz que tanto estás buscando.”



(1)Nile es un “amigo”, personaje que aparece por primera vez en ´2001:Children of Bottle´, y tiene una peculiar forma de hablar. Añade siempre la coletilla “quiero decir”




Prologo
Hace 8 años
La hija única

Septiembre 1925
Un pueblo al norte de Méjico

Bien al sur de Nueva York, había un pueblo cercano a la frontera de Los Estados Unidos con Méjico.

El sol ya se había puesto, cayendo sobre los edificios una densa oscuridad.

Normalmente, bellísimas estrellas hubieran iluminados el reluciente cielo nocturno, pero esa noche, una gruesa capa de nubes hacia que la noche fuera negra como nunca.

Había granjas repartidas alrededor del pueblo, y con la caída de la noche, la rústica estampa se teñía de suaves sonidos.

Había una casa, a las afueras del pueblo, que encajaba perfectamente en este hilo de tranquilidad.

Un anciano y una niña estaban hablando ante la chimenea, donde el fuego ya se había extinguido. La mesa que se encontraba a su lado estaba servida con la cena, pero ellos no le prestaban ninguna atención. En cambio, se los veía absortos en un gran debate.

Era una escena tan cotidiana, incluso acogedora y reconfortante, pero en esa noche, en esa casa, la realidad era muy diferente a la que uno pudiera haber esperado.

“Escucha con atención, María. Esto no es ningún juguete.”

El prominente bigote del anciano se erizaba mientras se arrodillaba ante la niña.

Iluminados por la luz de las lámparas, a primera vista parecían familia. Si los volvías a mirar, parecían completos extraños.

“Esto, ves, es un arma, y un alma, una hoja de metal.”

El viejo alzó el alargado objeto que sostenía en la mano derecha y sonrió amablemente a la niña.

En cuanto a ésta, las lágrimas amenazaban con derramarse de sus ojos, a pesar de la tranquilizadora sonrisa del anciano, escuchando atentamente lo que el hombre tenía que decirla.

“No es algo con lo que puedas andar jugando por ahí.”

“Lo… lo siento, abuelo…Yo… yo no sabía que fuera a pasar esto.” Dijo la niña, María, tartamudeando por los sollozos que sacudían su cuerpo.

“¡No quería hacerlo! ¡No quería herir a nadie! ¡Nu…nunca pensé…nunca pensé que algo así pudiera pasar!”

El brazo izquierdo del anciano estaba envuelto en vendajes… y en vez de estar de su habitual blanco impoluto, más de la mitad estaban manchados de un rojo oscuro.

Se había limitado a escuchar, pero ante el último arrebato de María, dio la vuelta al alargado objeto que sostenía en la mano derecha y con él se golpeó el brazo izquierdo herido.

“María, mi niña. Si de verdad querías decir eso, es lo peor que pudieras haber dicho.”

“¿Qué…?”

La muchacha alzó la mirada con cautela, aun sorbiéndose los mocos. El viejo sonrió más ampliamente que antes.

No era una sonrisa tierna. Más bien era una pura e inocente mueca, de esas que podrías esperar de un niño que ha encontrado algo interesante con lo que jugar.

El hombre dio una risotada y agarro el final del objeto. Sujetó con la articulación del codo de su brazo izquierdo el otro extremo.  Después, ante los ojos de la niña, desenfundó del interior de la vaina una katana.

La deslumbrante luz que se reflejó en el filo casi cegó a la chica por unos segundos. Cuando pudo mirar entre sus pobladas pestañas, con los ojos entrecerrados, se dio cuenta que el final de la espada reposaba en su frente.

“Ah…”

La chica solo podía mirar a la plateada hoja, como si ésta tuviera vida, embelesada.

Apoyada directamente entre sus ojos, la afilada espada confundía su visión al intentar cruzar los ojos para observarla.

Pero en lo que al final se fijó no fue en el filo en sí, si no en la oxidada mancha marrón rojiza que había en la mitad de él.

Esta era la espada que había estado blandiendo sin ningún cuidado.

Esta era la espada que había cortado el brazo izquierdo de su abuelo cuando éste intentó pararla.

Sin haberla limpiado, la sangre se había secado pronto en la hoja. Parecía como si la estuviera regañando, esparcida de cualquier manera por la brillante plata. Al menos, eso era lo que pensaba la niña.

Pero…

“Mira aquí. ¡Cuando usas esta espada, jamás puedes decir ‘No quería herir a nadie’! Cuando la blandes… No, cuando la sacas de su vaina, ahí solo puede haber un pensamiento en tu mente. ‘¡Te partiré en dos!’” Gritó el anciano. Palabras que lejos estaban de ser lo que cualquier tutor en sus cabales diría.

“! Observa, María! ¡Esta es mi propia sangre, manchando esta espada! ¡Mi propia sangre, de mi brazo, el que tú cortaste! ¿Entiendes lo increíble que es esto?”

La chica miro con curiosidad a su abuelo.

“Tenía la total intención de detenerte, ¡pero míralo! Aunque iba completamente en serio y tú no estabas más que jugando, fuiste capaz de zafarte de mí y atacarme!”

El viejo rio, con sus hombros estremeciéndose de la propia risa y limpió la sangre seca con un trapo que colgaba de una silla cercana. La espada ya había sido envainada una vez, así que con solo eso no sería suficiente para limpiar completamente el filo. La sangre seca de dentro de la vaina, seguramente terminaría dañando tanto la vaina como el arma que albergaba.

Pero eso parecía ser la última preocupación del hombre en aquellos momentos.

“Pensé que podría quitarte fácilmente la espada. Solo eres una niña. Pero te moviste con más agilidad de la que hubiera imaginado, ¡y golpeaste! ¡Una chica como tú! Quizás esto es lo que llaman ser un genio… ¡y me alegro de ello!”

Enfundó la hoja con soltura, aunque solo la había pasado una vez el trapo, y la empujó hacia la atónita niña.

“Recuerda que solo puedes cortar a unas pocas personas, en una misma vez, con una katana. La sangre y la grasa humana mellaran el filo en un abrir y cerrar de ojos.” Dijo muy seriamente, acercándose a la muchacha.

Pero pronto sus facciones se rompieron en una gran sonrisa y continuó.

“¡Tendré que decirte que todo eso es una mentira!”

Le terminó lanzando la espada a María y se puso en pie. Su voz resonaba poderosa, dejando escapar todos sus pensamientos en una verborrea, como si de un borracho se tratara.

“¡Todo lo que necesitas es fe! Con que creas, y si tienes la habilidad y fuera suficiente, puedes cortar a una persona con incluso un palo o una hoja de papel. ¿¡Crees que un poquito de sangre y vísceras pueden detener a una katana de lo que una mera tubería o una plancha de madera pueden hacer!?

Era una teoría absurda, pero no parecía que el hombre estuviera bebido en absoluto. El rubor de sus mejillas se debía a la emoción, no al licor, y estaba claro que estaba en pleno control de sus capacidades.

Si tuviéramos que definirlo, el anciano parecía un soñador ebrio de sus propios sueños.

“Si alguien te dice que hay algo que no se pueda cortar, tómalo como una mentira. ¡Con solo creerlo, puedes cortar a tanta gente como quieras! Puedes seguir haciéndolo por siempre. Docenas, centenares, millares, millones de gente. ¡Puedes acabar con todos, excepto contigo misma- no, incluso contigo- los que habitan este ancho mundo!”

La mirada del anciano quedó fija en la nada, como si pudiera ver algo ahí, mientras continuaba explicando su estrafalario ensueño.

“No, no solo a gente, María. ¡Puedes acabar con todo lo que quieras! ¡Solo si tu habilidad es comparable a tu fe! ¡Esa espada te permitirá hacerlo!”

Extendió sus brazos, palmeando los hombros de la niña con sus manos.

“¡Inténtalo! ¡Experimenta! ¡No importa qué, solo acuchilla y corta y raja y rebana y amputa y corta y corta y corta y corta y corta!”

El hombre se atragantó, sin aliento, pero en nada volvió a parecer esa sonrisa maniaca y el hombre retomó su cantinela.

“Corta y corta y corta y corta y corta y corta y corta… ¡mata todo lo que esté en tu camino!”

En ese momento, la chica no entendía lo que quería decir su abuelo.

Pero mirando en sus ojos, viendo la fiera llama que ardía en ellos,  cerró lo mano con fuerza alrededor de la empuñadura de la espada.

Sus lágrimas se habían secado. La tristeza se había ido hacia rato, así como su arrepentimiento y su miedo. Todo lo que quedaba en ella era admiración. Admiración por el “conmovedor” discurso de su abuelo.

“¡No hay nada en este mundo que no pueda cortar esa espada! ¡Incluso aunque no puedas verlo, la espada puede cortarlo! ¡Mientras que creas! Agua o aire o el vacío o las almas o los lazos o la esperanza. ¡Puedes córtalo todo!”

El hombre de repente exhaló aire, sentándose pesadamente en la silla.

“María, tienes pleno derecho a llevar esa hoja.”

“… ¿El derecho?”

“Tus padres eran asesinos muy hábiles. Pero cayeron en el atractivo de las armas de fuego, ¡y rindieron sus espadas! Y por esa razón, tu Mamá y tu Papá están muertos. ¡Yo mismo los maté, con esa precisa espada!

La historia del viejo hubiera dejado en shock a cualquiera. Pero la expresión de la niña no cambio. Su voz se oía serena cuando habló

“Uh-huh. Eso fue cuando aún era un bebe, ¿verdad? No puedo recordar nada, ¡pero abuelita (1) solía hablarme de eso todo el tiempo!

“Y te decía la verdad. Mi intención era llevarme esta espada conmigo a la tumba, pero te he visto y he cambiado de idea.” Dijo el anciano, recostándose y dejando que la mullida silla le envolviera. La sonrisa en su rostro era la de un hombre que había llegado a la cumbre de su vida.

“Lloraste con miedo al ver la sangre en mi brazo, ¿no?”

“… Lo siento.”

“¡Ya te lo he dicho, no es nada! Lo que importa es la expresión de tu rostro cuando lo hiciste.”

El hombre calló y sonrió, dejando al descubierto sus dientes.

“María. Cuando estabas jugando con esa espada, o lo que es más, en el momento que cortaste mi brazo, ¿sabes qué imagen dabas? ¿Viste que expresión tenías? ¡Parecías tan feliz, mi niña! ¡Eso es lo que importa! Ahora, María. ¡Blande la espada pasando de persona a persona, sin tener en cuenta los lazos entre maestro y alumno, entre padres e hijos! ¡Blande a Murasamia!”

“… ¡Sí!”

La chica desenvainó el arma como su abuelo la había enseñado. La hoja salió tan limpiamente que era difícil de creer que los cortos brazos de una niña lo hubieran hecho.

Por un instante, la luz se reflejó en el metal, proyectándose en la inocente sonrisa de la niña.

El anciano dejó escapar un inconsciente silbido de admiración ante la perfecta fusión de la joven y la espada.






“¡Eso es, María! Una vez que desenfundes la espada, no pienses en nada más. Solo ten fe en el poder para cortar. ¡Lo único que tienes que hacer es regocijarte en ello!”

“¡Ok, abuelito!”

La niña salto de la silla en la que se había sentado y mientras hablaba…

… blandió el arma en dirección al anciano con decisión.


“…¡Jaja! ¡Justo lo que esperaba! ¡María, de verdad que eres mi angelito demente más encantador!”

El viejo alzó el tenedor que había cogido de la mesa firmemente con una mano, mientras sonreía a su nieta.

Había bloqueado el golpe con los dientes del tenedor. La afilada y mortal hoja se detuvo justo a un milímetro de su cabeza.

“Tienes la fe, pero no la habilidad para acabar conmigo. No todavía. ¡No importa! ¡La técnica siempre se puede aprender! Cuando seas lo suficientemente buena, te daré otra espada. ¡Con dos armas de tu lado puedes cortar el doble de cosas, el doble de veces!”

La niña se quedó de pie, con sus ojos abiertos como platos mientras se zambullía en la locura de su abuelo. Quizás la suave curvatura de sus labios fuera una sonrisa, o quizás fuera furia.

“Huh… ¿ Qué acabo de…”

“No entiendes por qué has intentado cortarme, tú, ¿verdad? ¡Eso está bien! ¡Una vez que desenvainas, tienes que golpear! ¡Cortar lo que sea! ¡El por qué lo puedes descubrir después! ¡Así es como tú y tu espada seréis los más brillantes! ¡Jajajajajajajajajajaja!”

Su abuelo echó la cabeza para atrás y rio como un desquiciado, y siguiendo su ejemplo, María empezó a reír tímidamente también.

“Jaja.”

Una inocente locura coloreó sus aun aniñadas facciones.

El abuelo –no, el asesino- asintió en aprobación a la histérica risa de su nieta.

“Te lo diré una vez más.  Esto no es un juguete.”

“Esta espada es…tu compañera.”

_____


Años después
Algún lugar en Manhattan


“¿Qué coño te pasa, niñata?”

Las sombras se hicieron más y más espesas en el callejón de la gran ciudad.

El grito de un hombre resonó en el apenas iluminado lugar.

Varios cuerpos yacían su alrededor. Ninguno de ellos se movía.

“¿Qué cojones está pasando? ¡¿Qué quieres, eh?!”

El cielo nublado no dejaba pasar ni la luz de la luna para que iluminara el estrecho pasillo.

Solo la tenue luz que se colaba desde la calle principal le dejaba ver al hombre que quien se encontraba delante de él era una joven. Aun se diferenciaban en ella rastros de la adolescencia.

Y en sus manos sostenía dos espadas. Ellas, también, brillaban levemente en la escasa luz.

“¡Hola, amigo! ¡Soy María, una prometedora y capaz asesina! ¡Y es por eso que estoy hoy aquí! ¡Un tipo muy divertido quería que os matara!”

Acabó con su amigable presentación y empezó a avanzar hacia el hombre. Incluso cuando pisaba uno de los charcos de sangre que había por todo el suelo, no hacia ningún ruido, acercándose paso a paso.

“! Y ya solo quedas tú,  amigo!”

“¡Hija de…puta! ¿¡ Con quién te crees que…”

El hombre sacó su pistola y apuntó, con el dedo sobre el gatillo.

En ese mismo instante, el cuerpo de la chica pareció hundirse en el suelo,  y se lanzó con fiereza hacia la derecha.

“… estás hablando!?”

Un disparo.

Y al mismo tiempo que el disparo, el agudo sonido del metal contra metal.

El estridente ruido sonó vertiginosamente en los oídos del hombre, y cuando volvió en sí, se dio cuenta que ya no tenía ninguna pistola en la mano.

“¿Qué…”

La katana había estado más cerca de lo que imaginaba, arremetiendo contra el arma para quitárselo de las manos en el momento del disparo.

Cogió aire para gritar, y de repente cayó en la cuenta de que la chica llevaba dos espadas.

Una había golpeado su pistola.

¿Entonces, donde estaba la otra…?

La respuesta no se hizo esperar, pero demasiado tarde para que el hombre se diera cuenta, porque para ese momento la espada ya estaba clavada en su garganta.

Un instante después, un chorro de sangre fresca manchó las paredes del callejón.

Ni una gota cayó en la chica, que había conseguido ponerse a las espaldas del hombre moribundo. No le prestó ninguna atención. Su vista estaba fija en un objeto negro que se encontraba en el suelo.

Era la pistola que había quitado al hombre de las manos hacía nada. Se centró en ella durante un rato, luego pasó por encima del muerto para adentrarse más en el callejón.

“Aah… Aun no soy capaz de partir una pistola en dos.” Murmuró la chica, profundamente decepcionada, mientras desaparecía silenciosamente en las tinieblas de la ciudad.

Sus espadas, aun desenvainadas, prácticamente sin una mancha de sangre o  vísceras, reflejaban la tenue luz de las calles, otorgándolas una calma luminiscencia.

Meciéndose, siempre meciéndose.

El corazón de la chica, sus afiladas espadas, y todo lo demás, se fundieron en esa luz. Hundiéndose en las sombras de las calles…




(1) En español en el original. María usara muchas palabras en español que iré poniendo en cursiva.

 

1 comentario:

  1. Hola!! una pregunta.. planeas continuarla??
    que novela sería esta (la 5, la 6 ,etc)

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