Avance de la traducción

Avance de la traducción Baccano! 1933 The Slash, Cloudy to Rain: 107/187

lunes, 25 de marzo de 2013

Baccano! 1933: The Slash, Cloudy to Rain ~ Capítulo 1

Bien, pues con este capitulo la histora ya empieza a ponerse interesante (si no lo era ya)

Solo puntualizar que no intenteis encontrar coherente lo que dicen Isaac y Miria por que es imposible u_u

Tras acabar este capitulo llevo 103/187 paginas traducidas, para que os hagais una idea de como va la cosa. Y el siguiente capitulo es de los laaaaaaaargos, asi que no os pongais impacientes :3

Sin más os dejo con el Capitulo 1!!







“Ahora bien… Si tiene alguna excusa, Srta. María, soy  todo oídos.” Dijo Luck tranquilamente, dando golpecitos en la mesa con un dedo.

Una amable sonrisa adornaba su rostro,  pero la amabilidad se detenía justo donde empezaban sus ojos.

Había un pequeño local de jazz situado en Little Italy. Bajo este lugar estaba la oficina de los hermanos Gandor, los que controlaban las operaciones ilegales de la zona.

La música que se colaba del local de arriba, ofrecía un ambiente muy agradable. Varias mesas redondas se disponían por toda la sala, e incluso había varias mesas de billar en las esquinas.

La apariencia sospechosa de los hombres que estaban allí reunidos, dejaba claro que la oficina de los Gandor no era lugar para gente normal y corriente.

Sin embargo… había una persona en esta habitación que actuaba como si nada.

Ella se sentaba en una de las mesas del centro de la sala, frente a Luck. A simple vista, cualquiera podría haber pensado que se trataba de una bailarina por sus coloridas ropas. Era una joven con la piel ligeramente morena, bastante atractiva para el resto de la gente.

La mujer, María Barcelito, desvió la mirada e hizo un mohín.

“Hmph.”

“¿Qué quieres decir con ´hmph´?

Luck perdió la compostura y golpeó la mesa con la palma de la mano, como si estuviera regañando a un niño pequeño. Los gangsters que estaban en la habitación, ahogaron una risita.

“Srta. María. Tu trabajo es salvaguardar a las bailarinas del casino. Esto lo tienes claro, ¿verdad?”

“¡Por supuesto que sí, amigo! ¡Es por eso que me deshice de esos señores tan alborotadores! ¡Fue un abrir y cerrar de ojos, chop chop!”

“Y en mi abrir y cerrar de ojos, me encontré con tres máquinas tragaperras totalmente destrozadas, una mesa de cristal hecha pedazos, algo que en su día fue la puerta del casino, y una lámpara de araña lista para ir a la basura- todo consecuencias de tus espadazos cuando mataste a esos hombres. Bien, me encantaría oír la razón por la que encontraste necesario destruir mi propiedad.”

Ahí estaba la verdad, y María tenía que hacerla frente.

“… Es solo algo que pasó.”

Luck golpeó la mesa de nuevo y exhaló un largo suspiro, repleto de sufrimiento.
Viendo como la sonrisa se iba de su rostro, María le ofreció una inocente sonrisa para intentar animarle.

“¡No te deprimas, amigo! ¡Estas mejor cuando sonríes, ya sabes!”

“¿Y de quien es la culpa de mi ánimo actual, si se puede preguntar?”

“… Lo siento, amigo.”

María retrocedió, acobardada. Su aspecto era el de una hermosa mujer, pero sus actitudes eran aun las de una niña.


María era una invitada de los Gandor (aunque para ser sinceros, se había auto-invitado), la cual se había ganado la vida como asesina.

Eso no significaba que estuviera retirada, así que sería más preciso decir que seguía ganándose la vida como asesina.

Se había topado con la familia Gandor gracias a cierto incidente que había tenido lugar el año pasado, y viéndose arrastrada por el carisma de Keith Gandor, había pasado a formar parte de la organización como una inestimable aliada. O al menos esa era la historia que le gustaba contar. En realidad, era más como un huésped no invitado.

En la oficina de los Gandor no es que se vieran mujeres muy a menudo,  y una señorita Mejicana mucho menos. Había habido algún que otro roce entre ella y algunos miembros de la Familia cuando entró por primera vez. Sin embargo, era obligado decir que la mayoría de esos incidentes no habían sido causados por su género o por su nacionalidad, sino más bien por su excesiva inocencia.

Pero no tardaron en adaptarse unos a otros con bastante facilidad, y ningún problema grave había surgido desde entonces.

En vez de eso, inmediatamente había empezado a causar migrañas por culpa de pequeños rifi rafes, como el que hacía que Luck se devanara la cabeza ahora mismo.

“Estoy de acuerdo en que te encargues de los clientes molestos. En eso no puedo ponerte pegas. Solo quiero saber si puedes hacerlo causando menos daños colaterales.”

María sonrió con recato y dio unos golpecitos a las espadas que llevaba en la cintura. Las brillantes empuñaduras negras se continuaban con hojas de acero, que parecían demasiado largas para blandirlas por alguien con los brazos tan finos como los suyos, dando un sombrío contraste a su colorido atuendo.

“¡Murasamia y Kochite cortan lo que quieren cuando las esgrimo, ya lo sabes!”

“No culpes a tus espadas de esto.”

“Hmph.”
“¿¡Que quieres decir con ´hmph´!?”

La mano golpeó por tercera vez la mesa. Algunos de los miembros de la Familia no pudieron aguantarse más y estallaron en carcajadas ante la cómica escena.

Luck les lanzó una mirada helada y pronto desviaron la vista hacia otro sitio, pero por cómo se estremecían sus hombros estaba claro que estaban luchando por contener la risa. Luck normalmente era una persona calmada y tranquila, pero por algún motivo se había encontrado con problemas a la hora de tratar con María, y la mayoría de sus charlas acababan siendo como la de un profesor novato regañando a un alumno revoltoso.

Técnicamente, la podría haber castigado más duramente de lo que lo hacía, pero María era la mejor luchadora que tenían los Gandor. Por supuesto, si miramos fuera de los límites de la Familia, había un sicario llamado Vino, pero Luck lo consideraba demasiado caprichoso y poco fiable como para considerarle parte de sus fuerzas.

En otras palabras, no había nadie en la Familia capaz de llevar a cabo ese castigo en María. Para ser honestos, ella obedecía todo lo el hermano de Luck, Keith, decía sin rechistar, pero el problema era que Keith solo hablaba una vez al mes, como mucho, y no parecía muy interesado en corregir el comportamiento de María.

A su otro hermano, Berga, parecía que le gustaba la personalidad tan impulsiva de María, y cuando Luck le pidió ayuda, él solo sonrió y dijo : “¿Por qué no dejarla hacer lo que quiere?”

Lo que dejaba a Luck solo ante el peligro, con cara de haber estado lamiendo limones, regañando a la mejor asesina de su organización.

“Bueno, es que ha pasado mucho tiempo desde que tuve la oportunidad de hacer algo… Nadie ataca nunca el casino.”

“¡Claro que no! ¡No deberían! ¿¡Tienes idea de lo duro que trabajamos para asegurarnos de que no ganarnos ningún enemigo!? En el mejor de los casos, estarás bailando en el escenario por una larga temporada porque nadie empezará jamás una disputa.

Ahora sí que María no pudo contenerse más.

“¡Eso no es divertido! No es divertido, no es divertido, no es divertido en absoluto, amigo!  ¡Sabes que soy una asesina! ¿No tienes algo más estimulante y divertido? ¡Es aburrido estar bailando día tras día, tras día! ¡Si sigo así voy a acabar sacándole el ojo a alguno si me mira de forma ´poco correcta´!”

“Por favor, ni bromees con eso.”

Luck pareció darse cuenta de que no tenía sentido seguir con la discusión, y cambió de táctica.

“Muy bien, Srta. María. Si insistes, puedo encomendarte otra tarea.”

“¿Oh? ¿¡De verdad!? ¡Gracias, amigo! Bien, ¿qué jefe de qué familia quieres muerto?
“Me temo que no es nada tan temeroso como eso.”

“¿Qué? ¿Temeroso? Venga, puedo encargarme de esa pequeña camorra que anda por aquí cerca. ¿Los Martillos o algo así? ¿Quieres que vaya y acabe con su jefe?”

Si alguien que no fuera de la Familia hubiera escuchado esto, podría haber conllevado graves problemas. Luck juntó sus manos e inclinó la cabeza como si le estuviera rezando a algún dios.

Suspiró de nuevo, e intento poner en orden lo que quería decirle a María.

“Srta. María. Nosotros estamos haciendo continuamente todo lo que podemos para que un suceso así no ocurra nunca. Si una disputa de territorios ocurriera en tiempos como estos, Lucky Luciano, de la Cosa Nostra, se echaría encima de nosotros antes de nos diéramos cuenta.”

La mafia de estos tiempos se estaba modernizando poco a poco, gracias a los esfuerzos de Lucky Luciano. Una gran organización llamada la Cosa Nostra controlaba el mundillo criminal con puño de acero, e incluso cosas como venganzas o luchas de territorio, tenían que ser aceptadas por el consejo de la Cosa primero.

La Familia Gandor no era parte de la Cosa Nostra, pero era exactamente por esa razón por la que tenían que ser más cuidadosos. Luck en particular, ostentando un cargo de responsabilidad dentro de la organización, era el más interesado en evitar cualquier cosa que trajera el diezmo de su Familia por encima de todo.

Y por eso decidió darle un trabajo a la mujer que tenía delante que mantuviera el statu quo como estaba.

“Si tantas ganas tienes de luchar, voy a encargarte un trabajo que puede darte la oportunidad de hacerlo. Es contra unos delincuentes que no forman parte de ningún grupo, y no hay ninguna propiedad nuestra cercana que puedas destrozar. Por supuesto, el hecho de luchar dependerá de cómo vayan las negociaciones.”

“¿Entonces de que se trata, amigo?

María se inclinó un poco hacia delante, con una pizca de curiosidad en sus ojos. Cosa que no desaprovechó Luck .

“Parece que hay un grupo de jóvenes marginados sociales en la zona que han estado haciendo trabajos extraños sin nuestro permiso, desde el año pasado. Está claro que solo están jugando a hacer lo que nosotros vemos como negocio, pero…como sabes, la Prohibición es levantada este año.”

“¿Oh, sí?”

“¡Sí!”

La Prohibición había tenido una profunda influencia en la historia Americana desde su aprobación en 1920, especialmente con el apogeo del crimen organizado.

Sobra decir que esa influencia había sido rotundamente positiva para ellos.

Las leyes de la Prohibición se instauraron de acuerdo con los deseos de políticos y ciertos grupos de ciudadanos, pero en vez de disminuir las ventas de alcohol, como era su propósito, la Prohibición trajo un aumento exponencial de las destilerías clandestinas, ofreciendo una gran fuente de ingresos a la gente de poca ley.

Este resultado no intencionado conllevó a protestas contra estas leyes defectuosas, y finalmente, en Febrero de 1933, El Congreso enmendó la constitución de los Estados Unidos. Los diferentes estados fueron aboliendo la ley uno por uno, y cuando Utah derogó su prohibición del alcohol in Diciembre de ese mismo año, la Prohibición llegó a su fin.

Ese momento aún no había llegado, pero era por todos sabido que la Prohibición estaba en las últimas, y las tabernas podían ya pedir sin miedo sus bebidas espirituosas a destilerías legales, en vez de tener que recurrir al contrabando.

Esto hizo que los gangsters de América , los cuales habían conseguido mayúsculas sumas de dinero con su alcohol ilegal, tuvieran que buscarse otra fuente de ingresos. La Familia Gandor, cuyos beneficios provenían principalmente de las destilerías ilegales y el contrabando, no eran una excepción, y Luck había estado devanándose los sesos durante mucho tiempo con qué hacer con este tema…

“Srta. María, estos alborotadores están llevando a cabo varias operaciones ilegales en las calles sin nuestro consentimiento. Coquetean con la destilación, apuestas en el hipódromo, e incluso algún que otro trueque ilícito. Normalmente los hubiéramos asustado un poco y dejaríamos las cosas estar, pero parece ser que su banda tiene más miembros de los que esperábamos… Empiezan a ser un dolor de cabeza.”

“¡Entendido alto y claro, amigo! ¡Así que quieres que vaya y los haga pedacitos a todos!”

“… No quiero ni saber sobre tu modus operandi antes de que vinieras aquí. Como sea, no queremos causar una conmoción, por eso me gustaría que fueras y simplemente intimidaras a su líder un poco. Lo suficiente para que no revuelvan contra nosotros. No hace falta decir que si acepta nuestras demandas, eso no será siquiera necesario.”

María lo pensó por un momento y dijo: “Creo que lo entiendo, amigo. Lo que quieres es que mate primero a uno de ellos y si el resto ataca, entonces lo puedo considerar como oponer resist-“

“Srta. María.”

“… Lo siento. Supongo que me he dejado llevar, amigo.”

María no pudo más que disculparse ante la glacial sonrisa de Luck. El tiempo que había pasado formando parte de la sociedad menos favorecida, le había servido a María para saber instintivamente cuando estaba a punto de cruzar la línea para enfadar a alguien.
“El problema es que, pese a que operan en nuestro territorio, su base la tienen en una zona controlada por otra organización. Tenemos un pacto de no agresión con dicha organización, así que me encantaría que te frenaras para no causar ningún lío.”

Apaciguado por la expresión de arrepentimiento de María, Luck se tranquilizó y empezó a explicarse.

“Para no irnos por las ramas, lo que quiero que hagas es que seas un guardaespaldas. Sr. Tick, se encargará de las negociaciones y de las amenazas. Todo lo que tienes que hacer es mantenerle a salvo.”

Luck miró intencionadamente a la puerta que estaba al fondo de la sala, y María se giró para mirar también.

Vieron a un joven sentado en una pequeña mesa, con sus tijeras danzando mientras cortaba un jarrón de flores.

Se llamaba Tick Jefferson y era el especialista en torturas de la Familia Gandor.

El joven continuaba cortando las flores del jarrón  con una luminosa sonrisa en su rostro, hasta que se dio cuenta que los dos le estaban mirando. En ese momento alzó su mano para mandarles un saludo.

Sostenía un par de tijeras plateadas y brillantes en esa mano, las cuales lanzaron destellos de la luz que reflejaban mientras se movían de adelante a atrás con el saludo, formando un arco metálico sobre su cabeza.

“¡Hola! ¿Queréis algo de mí?”

Si uno solo se fijaba en el tono de su voz y en sus acciones, podríamos pensar que era un joven amable – quizás un poco infantil, pero lo suficientemente agradable, no obstante- Pero las tijeras de sus manos hacían que se esfumara esa imagen.

Luck le lanzó una fugaz sonrisa y se giró para mirar a María de nuevo.

Como Tick, ella también estaba sonriendo inocentemente mientras saludaba con la mano al torturador.

… Me da a mí que vosotros dos estáis casi al mismo nivel de madurez.

Luck no dejó que sus pensamientos se reflejaran en su semblante y continuó la explicación a María.

“Ya le explique todo a Sr. Tick, así que dejo el asunto en vuestras capaces manos. ¡Y una cosa más! Los delincuentes con los que os mando lidiar han estado también merodeando por el territorio de la Familia Martillo, así que ellos también están involucrados. Los Martillos me han dicho que también van a ponerse en marcha en el día de hoy, así que por favor, por favor, ¡no te metas en ningún lio con ellos!”

“… Vale…”



“¡Hooola!”

María se levantó de un salto tan pronto como Luck acabó de hablar y correteo hasta la mesa de Tick, sentándose a su lado y regalándole una dulce sonrisa.

“¿Qué andas haciendo, amigo?”

Ella le estudió como si estuviera haciendo algo fascinante. Había un jarrón lleno de flores encima de la mesa, y de cuando en cuando Tick lanzaba sus tijeras abiertas hacia el ramo y las cerraba produciéndose un sonido muy característico.

Hubo un claro chasquido de metal contra metal, y cuando se desvaneció una flor cayó sin hacer ruido alguno sobre la mesa, con su tallo cortado en dos.

“Estoy cortando flores” Dijo Tick tranquilamente, recogiendo la flor que había cortado y devolviéndola al jarrón.

“Me las trajo Edith. Dijo que sería un bien florista.”

Edith era una empleada en uno de los bares de la Familia Gandor. Había conocido a Tick por una serie de extraños acontecimientos, terminó viéndole como un amigo, y le había enviado flores como un regalo. Pero…

“Creo que las flores son increíbles.”







Cris.

Otra vez el sonido metálico, y otra vez una flor cayó a la mesa.

Tick le había dicho a Edith que las podaría con mucho cuidado, y fiel a su palabra, había pasado los últimos días cortándolas en cachitos.

“Puedes cortarlas justo por la mitad y seguirán vivas siempre y cuando las mantengas en agua, ¿ves?”

Aunque las flores ya habían sido cortadas cuando Tick las recibió, y él les había cortado aún más el tallo a todas en mayor o menos medida, ninguna de las flores se había marchitado completamente.

El ramo se había quedado en la mitad de su altura original, y lo que fuera un conjunto de flores bien organizadas, se había convertido en un desorden de flores agrupadas sin ton ni son.

Edith le dijo que podía ser un buen florista, pero era difícil que alguien comprara un ramo tan desastroso.

“Mmm… Supongo, pero yo quiero cortar cosas más sustanciales que flores, amigo.” Comentó María, desviando el tema de conversación. La mayoría de los miembros de la Familia se mantenían al margen de Tick, ya que encontraban sus hábitos bastante perturbadores, pero María estaba completamente tranquila ante el extraño pasatiempo del joven.

“¡Acerca de la misión! ¿Cuándo nos ponemos en marcha, amigo? ¿Ahora, verdad? ¿¡Ya de ya, a que sí!?”

María se echó hacia delante, con los ojos brillando. La suave curva de su barbilla tocó los pétalos.

Si alguien hubiera sacado una foto de ese momento, hubiera sido una estampa preciosa, pero sus palabras arruinaron la atmosfera. Los hombres que la miraba desde lejos, suspiraron  y murmuraron para sí con nostalgia, pensando que ella sería perfecta si no hubiera estado loca.

Solo Tick murmuró inocentemente y dijo, “Wow, María. Las flores te hacen parecer más bonita.”

“¿De verdad? ¿Eso crees? ¡Gracias!”

A María le gustó el cumplido, y miró una vez más a las flores. Había muchos tipos diferentes en el jarrón, pero en vez de dar una impresión recargada y chillona, Edith había elegido variedades que relajaban la mirada.

“Hmm…”

María se quedó mirando el jarrón un rato, perdida en sus pensamientos, y repentinamente agarró a Tick por el brazo.

“¡Las flores pueden esperar hasta que hayamos acabado! ¡Venga, a trabajar! ¿Por favor?”

Parecía casi como una niña pequeña que quería conseguir sus caprichos, tirando insistentemente del brazo de Tick.

Incapaz de rechazar la plegaria, Tick dio un último corte al ramo y se levantó, murmurando en un susurro.

“… Me pregunto si esta flor tiene también familia…”

“¿Cómo has dicho?”

“Oh. No es nada.”

La sonrisa de Tick se volvió más suave y dulce que antes. Siguiendo los pasos de María, se dirigío a la salida.

Sus semblantes estaban totalmente vacíos de miedo o duda, haciendo difícil saber si entendían la misión a la que se estaban dirigiendo.

Si entendían que un mínimo error podía acabar en un baño de sangre…



Los miembros de la Familia que quedaron en el local conversaban entre ellos despreocupadamente.

“¿Creéis que esos dos de verdad serán capaces de ocuparse de esto?”

“Se comportan como críos, sí, pero esos punkis con los que van a tratar son críos, así que supongo que estarán bien. Quiero decir, Tick puede hablar como un idiota, pero es lo suficientemente listo.”

“María esta con él, así que al menos no saldrá herido.”

“Esas espadas de samurái que lleva son casi más temibles que unas ametralladores…”

Todo, de una manera u otra, confiaban en las habilidades de María, así que ninguno estaba verdaderamente preocupados por ellos.

Luck dio un paso al frente y puso freno a tan distendida charla.

“Caballeros, ¿no creéis que estáis confiando demasiado en su fuerza?”

Si una organización llegaba  a depender demasiado de una sola persona, el resto de los hombres podían volverse comodones y vagos. Era una situación que Luck quería evitar más que cualquier cosa. Se había preocupado por esto cuando Vino llegó de visita, pero afortunadamente se marchó pronto, y así el problema se resolvió por sí mismo.

Pero ahora se enfrentaba al asunto de María. Bajo ninguna circunstancia, la Familia Gandor se podía permitir que se extendieran rumores de que su fuerza dependía completamente de los caprichos de una jovencita.

“Pero Jefe, tiene que admitir que ella probablemente podría traernos la cabeza del jefe de los Marti-“

“Ni bromees con eso. A menos que de repente pienses que la vida es una carga, en cuyo caso, siéntete libre de continuar.”

Su voz podía helar cualquier cosa; ni una pizca del temperamento que había mostrado con María  afloraba ahora a su voz. Los gánsters que oyeron la velada amenaza no pudieron evitar notar un escalofrío corriendo por su espalda.

“Además, los Martillos no son como para tomarlos a la ligera. Tienen a Ronni Schiatto, un hombre que puede compararse con el mismísimo Vino… y tampoco hay que subestimar a Yaguruma y a Maiza.”

Cuando acabó la regañina a sus subordinados, Luck murmuró para sí: “y tampoco a su ejecutivo más joven… Firo Prochainezo…”



________
 


Al mismo tiempo
Alveare


“¡Eres horrible, Firo!”

“¡El peor!”

“¡No hay nadie más perverso que tú!”

“¡Nadie en el todo el ancho mundo!”

Había una carretera que se extendía entre Little Italy y Chinatown, y en esa carretera había una tienda de miel, y en esa tienda de miel había un pequeño restaurante.

Había una placa metálica con la forma de una colmena colgando de la entrada, con la palabra ‘Alveare’ (‘colmena’ en italiano) inscrita en ella.

Entre las asociaciones criminales de Italia, existía un grupo llamado la Camorra. Estaban estructurados de forma diferente y tenían diferentes normas comparados con la mafia, y se contaban entre las tres grandes organizaciones criminales italianas, junto con la mafia siciliana y la ‘Ndrangheta’.

Entre las numerosas asociaciones menores que formaban la Camorra, se encontraba la Familia Martillo, un grupo que controlaba pequeñas zonas de Little Italy y Chinatown. Este restaurante, impregnado con el aroma de la miel, era su base de operaciones.

Originariamente había sido el restaurante clandestino más grande del territorio de los Martillo, pero gracias a que La Prohibición estaba siendo abolida, Alveare se había convertido en un salón completamente legal. Dentro habia una gran lámpara de araña que brillaba con sus cristales en forma de gema, una zona de bar decorada con majestuosas esculturas, mesas, lámparas de aceite en las paredes… Estaba adornado con ostentosa decoración, y el aroma de platos limpios se mezclaba con el de la miel.

Era la hora de la comida, y normalmente el restaurante estaría lleno de hambrientos comensales… pero no era así ese día, las cosas eran un pelín diferentes.


“Oh, venga ya. Dejadme tranquilo de una vez. Ya he dicho que lo siento, ¿no?”

Un hombre se apoyó pesadamente contra la barra del bar, y mientras se disculpaba de mala gana se le escapaba una expresión de cansada irritación al semblante.

Aparentaba casi veinte años, debería tener unos dieciocho o diecinueve. Pero si uno se fijaba solo en sus facciones infantiles, incluso se le podrían echar un par de años menos.

Estaba sentado, rodeado de varias personas más, y como líderes de este peculiar grupo, había una pareja que alzaban sus voces en protesta, gesticulando mucho con sus brazos.

“¡Un ‘lo siento’ no va a arreglarlo!”

“¡No va a arreglarlo en absoluto!”

El hombre llevaba un esmoquin que le hacía parecer un ilusionista y, lo más seguro, para ir conjuntada con él, la mujer llevaba un atuendo que bien podría ser el de una bailarina.

Estaban completamente fuera de lugar, pero no parecía que nadie fuera a cuestionar la elección de sus trajes.

El hombre, Isaac Dian, elevaba su puño al aire mientras miraba al chico.

“¿¡Tienes idea de lo duro que trabajamos para colocar esas fichas de dominó!?”

La mujer, Miria Harvent, contribuyó también a la bronca. Ella se movía alrededor de Isaac, agitando su puño enfadada.

“¡Hemos derramado sangre, sudor y lágrimas, ¿sabes?!”






Su enfurecida perorata hizo que el chico, Firo Prochainezo, suspirara de nuevo.

“Perdonad, pero no recuerdo ver ninguna sangre ni lagrimas por ningún lado.”

“¡Ni pienses en engañar la justa pasión que corre por mis venas con tus malévolas palabras!”

“Isaac lloro un poco cuando tiraste las fichas, ¿sabes?!”

Lo que decían no tenia mucho sentido, pero la gente que estaba alrededor parecía estar de acuerdo, y se unieron a la regañina del joven.

“Tío, admite que fue culpa tuya, Firo.”

“Te falta concentración y eso es por culpa de que estas dejando de lado tu entrenamiento.”

“Creo que deberías intentar disculparte más de corazón, Firo.”

“Firo…”

“Joe, más cosas por el suelo que limpiar por culpa de Firo.”

“Vete a casa.”

“Sí. Lárgate.”

“Fuera.”

“Pírate.”

Al principio, estaba aguantando sin rechistar, pero se estaba irritando más y más a medida que sus compañeros arremetían contra él. El suave entrecejo fruncido dejó paso a una mueca de verdadera ira.

… Soy un capo de la Familia Martillo, ¿no?

De Randy y Pecho puedo aguantarlo. Son ejecutivos de la Familia también. ¿Pero por qué tengo que soportar la bronca de Czes, y de los miembros que no son ejecutivos, incluso Lea, la maldita camarera?

Vale que la haya cagado. ¿Pero de verdad merezco que se metan así conmigo por algo como esto?

Firo se regodeaba en sus pensamientos, la ira creciendo más y más, hasta que…

“¡Paganos por esas fichas de dominó!”

“¡Exigimos un reembolso!”

…explotó.

“¡Callaos!”

“¡Gah!”

“¡Aah!”

“¿Por qué demonios tengo que pagar nada a nadie por unas estúpidas fichas de dominó? ¡Solo las he tirado, por el amor de Dios! ¿Las golpee o algo? ¿Eh? ¿¡Que, se han roto en miles de cachitos solo por haberlas derribado!? ¡Dí!”

Isaac y Miria se pusieron rígidos por sorpresa ante el arranque de ira de Firo.

Pero Firo no se había desahogado del todo y continuó.

“ ¡Veréis, este lugar es para comer, no para jugar con fichas de dominó! ¿¡Ya que os dejo el local para hacer estas cosas, no podéis dejar el tema estar de una vez!?”

Firo se detuvo, respirando trabajosamente y fulminando con la mirada a la pareja.

Randy y Pecho murmuraron en un tono bastante alto entre ellos mientras miraban  de reojo al furioso joven.

“Cree que los malos aquí somos nosotros, ¿eh?”

“No le vi quejarse mientras estaba colocando las piezas de dominó con el resto, no señor.”

Firo podía oírlos perfectamente, por supuesto, pero los ignoró y se concentró en mantener un semblante de puro odio.

Isaac y Miria permanecieron congelados durante un largo tiempo, pero de repente empezaron a temblar a la vez, y …

“¡Aaaaaaagh! ¡Eres un completo idiota, Firo!”

“¡Waaah! Eres un completo ‘touhenboku’(1), Firo! ¡Un completo bárbaro! ¡Estúpido y ruin y mal tipo, todo a la vez!”

…salieron corriendo hacia la puerta, sollozando y soltando toda clase de improperios que pudieran imaginar.

“¿… To…touhenqué?”

Tartamudeo Firo, cuya ira fue sustituida por confusión mientras intentaba encontrarle el sentido a lo que había dicho Miria. Yaguruma, el cual había inmigrado desde Japón, murmuró relajadamente par sí, al lado de Firo.

(1) Patán ignorante

“Me pregunto cómo la Srta. Miria ha aprendido japonés tan bien…”

Isaac y Miria tiraron con fuerza de la puerta para abrirla y casi se toparon de bruces con el hombre que entraba. Sostenía una bolsa de papel en una mano y pudo apartarse con soltura a un lado para no chocar con la pareja.

“¿Qué es esto?”

Cuando parecía que los dos habían ya desaparecido de escena, Miria asomó la cabeza desde detrás del hombre y le sacó la lengua a Firo.

“¡Bleaah! ¡Espero que el Sr. Yagyou(2) te pisotee con su caballo sin cabeza, Firo!”

Habiendo descargado su último insulto, salió con brío tras Isaac.

Viendo cómo se iba Miria, y su vestido revoloteando detrás de ella, uno podía recordar el cuento de La Cenicienta. Firo la vio irse y suspiro pesadamente por tercera vez.

“¿Quién es ese tal Yagyou? Maldita sea… Estoy tan confundido que ya no estoy ni enfadado…”

Se dio la vuelta, todavía refunfuñando, y se dio cuenta que todos en el restaurante le estaban mirando. No decían nada, pero estaba claro su desdén.

“… ¡Ya basta! Estaba equivocado, ¿vale? ¡Es todo culpa mía! ¿Qué, contentos?”

El hombre que había llegado el último miró con curiosidad a Firo.

“¿Ha pasado algo mientras estaba fuera?”

“Ah, Ronnie. No, no fue nada. Solo que derribé las fichas de dominó de Isaac y Miria justo antes de que acabaran de colocarlas.”

Las maneras de Firo pasaron, en un instante, de enfadadas y arrogantes a respetuosas.

Oficialmente, Ronnie era el secretario de la Familia Martillo. De forma no oficial, era el segundo al mando de la organización.

“Hmm. Ya veo… Asi que salieron corriendo. ¿Pero a donde han ido?”

“No es nada, no te preocupes por ello. No tienen ningún otro sitio donde quedarse, volverán cuando tengan hambre.”

“…No importa. De todas formas, tengo que salir, así que si me los encuentro les convencerá para que se vuelvan conmigo.”



(2) Un fantasmal jinete que monta un caballo sin cabeza por las noches, pisoteando a los desaventurados viajeros


Los ojos de Firo se abrieron de sorpresa ante la oferta del ejecutivo.

“¡N-no, si no pasa nada, de verdad! No tienes por qué mol-“

“Si me los cruzo, se lo diré. Si no, pues nada.” Ronnie dijo con calma, sacando un puñado de pimenteros de la bolsa de papel y colocándolos en la barra.

“Y he oído que los trabajadores de las obras cerca del río fueron atacados por un extraño grupo de gente. Probablemente no sea nada, pero no hay nada malo en que nos conduzcamos con un poco de cautela.”

Terminó de vaciar el contenido de la bolsa e inmediatamente se giró para irse de nuevo.

Una esbelta silueta se levantó para salirle al paso.

“Quiero ir contigo.”

“Ennis.” Dijo Firo, sorprendido, mirando a la joven del traje negro. “Ya os lo he dicho, no os preocupéis por ellos. Vendrán por su propio pie tarde o temprano.”

“Pero lo que ha dicho el Sr. Ronnie me preocupa, así que...”

Ennis se acercó a Firo y se inclinó sobre él, con los labios casi rozando su oreja.

“… Por favor, piensa en una disculpa mejor mientras estamos fuera.” le susurró, como un adulto alecciona a un niño. En vez de enfadarse o ponerse a la defensiva, Firo se puso rojo y solo pudo asentir débilmente.

“Va-vale…”

Firo frunció el ceño de forma exagerada y desvió la mirada como un niño pequeño. Ennis sonrió con dulzura y se dio la vuelta, saliendo por la puerta a las calles de Nueva York.

La vio irse y se fue girando despacio, esperando lo peor.

Pero ya nadie le estaba observando; parecía que todos habían vuelto a sus asuntos, sirviendo comidas o leyendo el periódico.

Firo soltó un nuevo suspiro, esta vez de alivio, y se sentó  a la barra para acabar su café.

Otro hombre tomó asiento a su lado, como si fuera la cosa más natural del mundo.

“Hey.”

“Maiza…”

Era un hombre alto que llevaba un par de gafas. Maiza Avaro, el contable de la Familia Martillo y mentor de Firo.

Él se había mantenido al margen cuando todos los demás estaban lanzándose a la yugular de Firo. ¿Quizás había esperado a que el muchacho se quedara a solas? Firo miró a Maiza por el rabillo del ojo, intentando adivinar las intenciones del hombre.

“Firo,” Dijo Maiza, con su apacible expresión siempre imperturbable, “no lo hiciste adrede, ¿verdad?”

“… ¿Hacer él qué?”

“Digo que tiraste las fichas a propósito.”

Hubo un largo silencio.

El tono de Maiza fue suave pero claro. Firo buscó alrededor si alguien lo había oído, pero parecía que nadie estaba escuchando la conversación.

“No sé de qué estás hablando.”

“Firo.”

Aunque la voz seguía siendo amable, la fuerza en ella era la suficiente como para disuadir a Firo de que se fuera por la tangente.

El chico se mantuvo callado por un momento, pero al final cedió.

“… Sí.”

“¿Por qué?”

Firo lo pensó y respondió lacónicamente.

“Estaba asustado.”

“¿Asustado?”

“Ese viejo, Szilard. Sus recuerdos que tengo en la cabeza van más allá de lo que puedo entender.”

Szilard.

La repentina mención de este nombre hizo que Maiza se quedara en silencio.

“Creo… creo que esto debe ser algún tipo de karma para nosotros los inmortales,  algún tipo de represalia de nuestros destinos originales por haber sido borrados.”




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“Maldita sea… ¿Tienes idea de cuánto le hemos pagado a esos Iformadores para conseguir una pista de tu paradero? Esa gente es como una tumba en cuanto a inmortales se refiere. Prácticamente les hemos metido el dinero hasta la garganta para saber dónde estabas. Creo que nos merecemos un poco de agradecimiento, ¿no?”

“… Como si me importara.”

“Jaja, tienes razón. Quizás debamos descubrir que es lo que tú conoces, Sr. Genoard. ¿Cuánto sabes sobre los inmortales?”

Una pintoresca banda caminaba por la calle que desembocaba en Little Italy.

Eran los Larvae, con Tim a su mando.

A primera vista podía parecer un grupo de sinvergüenzas del barrio normal y corriente, pero algunos estaban vestidos con trajes, haciendo difícil definirlos.

“¿Cuánto te contó Szilard Quates cuando te convertiste en inmortal?” Le preguntó Tim a Dallas, que caminaba unos cuantos pasos por detrás del grupo de diez personas.

“Ni que te lo fuera a decir.” Gruñó Dallas, todavía mirando con odio a la parte trasera de la cabeza de Tim.

“Entonces te explicaré lo básico en caso de que no lo sepas. Lo primero, y más importante, es que tú no eres un inmortal de verdad. No pueden matarte, pero puedes envejecer.  Estas en un estado de semi-inmortalidad, porque aun puedes morir de viejo. Se podría decir que eres defectuoso.”

… Este hijo de puta tiene un talento especial para tocarme los cojones.

La mirada de Dallas se intensifico, pero por supuesto la cabeza de Tim no sufrió daño alguno.

“Los verdaderos inmortales son un puñado de alquimistas que hicieron un trato con un demonio hace unos doscientos años, y bebieron el elixir de la inmortalidad.”

“¿Alquimistas?”

“Wow, ¿en serio tengo que explicar todo eso? Adelle, explícale esa parte por mí, ¿si?”

“¿Qué? ¡Oh, vale!” respondió Adelle sobresaltada.

Llevaba unas ropas blancas que habían sido confeccionadas para facilitar el movimiento, y portaba un extraño artilugio con forma de palo a su espalda. Parecía algún tipo de arma, pero Dallas no podía imaginar de qué arma se trataba. Aunque, honestamente, no es que se preocupara mucho por hacerlo.

No le gustaba nada la chica, la cual parecía tímida y asustadiza por cualquier minucia. Y por encima de todo, Tim le había dicho que si no seguía sus órdenes, Adelle sería la que matara a su hermana. Solo de pensarlo, quería matarla.

… No parece que pueda asesinar a nadie, pero…

Dallas se detuvo y sacudió su cabeza.

Hace tres años, una chica muy parecida a Adelle le había pateado el trasero. Su nombre era Ennis, y escupió con desprecio a la par que recordaba el rostro que correspondía a ese nombre.

“… Bueno, ah, los alquimistas eran gente que, bueno, hacían… Ah, perdona, ¿estas escuchando?”

“¿Parece que lo está haciendo, idiota?”

“N-no tienes por qué ser tan desagradable…”

Fingió, sin ningún entusiasmo, que escuchaba el resto de la historia y luego miró con desdén a Tim.

“¿Y cuál es el problema con estos inmortales entonces?”

Tim soltó una risotada y le contestó, “Bueno, para ir al grano, hemos oído rumores de que hay unos cuantos verdaderos inmortales en esta zona. Esta información la oyó nuestro jefe Huey de los Informadores, aunque no la hemos comprobado por nosotros mismos, da pie a pensar que el anciano que te hizo inmortal, Szilard, fue devorado por uno de estos inmortales hace un tiempo.”

Devorado. Era una expresión extraña, pero Dallas pudo hacerse fácilmente una imagen mental de ello.

Lo recordaba con total claridad. Había ocurrido justo después de que se convirtiera en un inmortal incompleto. Szilard simplemente había posado su mano derecha sobre la frente de uno de sus compañeros y el hombre fue succionado por la palma.

“Ya sabes, los verdaderos inmortales pueden devorar a otros con sus manos derechas, incluyendo a defectuosos como tú. Pero tú, por el contrario, no puedes devolverles el favor. Más bien existes solo para ser explotado.”

“Cierra la boca y deja de joderme.”

“Vale, vale, no te enfades tanto. Como sea, para abreviar, nuestro jefe, Huey Laforet,  es uno de esos verdaderos inmortales,” apuntó Tim, revelando con tranquilidad los entresijos de su organización al forastero, Dallas. Pero a Dallas poco parecía importarle los secretos que le estaban descubriendo y escupió de nuevo, como si metiera prisa a Tim para que llegara al fondo del asunto.

“¿No tienes curiosidad por saber quién devoró a Szilard?”

“¿Por qué podría tenerla?” preguntó Dallas con recelo, pero Tim hizo caso omiso a su pregunta y pronunció un nombre.

“Firo Prochainezo.”

Dallas detuvo la marcha.

Dedujo lo que implicaba haber oído ese nombre, inmóvil en el centro de la calle.

Uno, ese gilipollas sigue vivo

Dos, ese gilipollas es un verdadero inmortal.

Tres, ese gilipollas puede matarme a mí, pero no yo a él.

“Me estas vacilando,” murmuró, intentando, pero no consiguiéndolo, negar la conclusión que le abofeteó, a la par que se le perlaba la frente de sudor.

Se encontró presa de la realidad. De que se había convertido en el ser más débil del mundo entero.



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Inmortal.

Firo Prochainezo era inmortal.

Se había convertido en ello de pura casualidad, cuando se vio envuelto en una reyerta entre alquimistas tres años atrás.

Y no fue solo él. Todos los ejecutivos de la Familia Martillo, los tres jefes de la Familia Gandor, la pareja de ladrones Isaac y Miria, varios familiares de esos ejecutivos de los Martillo, y dos empleados del Alveare…

Toda esta gente había sido obsequiada con la inmortalidad en cuestión de una noche.

Szilar Quates fue uno de los alquimistas que había propiciado todo el acontecimiento, pero toda su experiencia vital y sus recuerdos fueron absorbidos aquella noche por un tal Firo Prochainezo.

No solo sus recuerdos y su experiencia, también su pasado… Todo lo que él una vez fue.

“Los recuerdos de ese viejo todavía están dentro de mí… Fue una persona realmente horrible. Creo que puedo recordar que con que cosas disfrutaba… pero para ser sincero, no puedo entender ninguna de ellas.”

Firo removió su café y empezó a desahogar todos sus pensamientos con Maiza.

“Él… él era el más feliz cuando le arrebataba a alguien todo lo que esa persona había conseguido. No importaba si le tomó mucho tiempo y esfuerzo; todo lo que importaba era que fuera algo preciado para alguien, y entonces se lo arrebataba. Disfrutaba muchísimo con esto, ¡muchísimo más de lo que yo he disfrutado con nada en mi vida! No sé qué pensar. Mis recuerdos han cambiado. Pareciera que él era más feliz cuando devoraba a alguien que yo cuando fui nombrado capo.”

Maiza ni asintió ni negó, siguió escuchando en silencio.

“Ni siquiera los entiendo, esos recuerdos, pero… ahora son parte de mí.”

La emoción terminó por aflorar al semblante de Firo con crudeza. Era terror, puro y absoluto, como el de los niños.

“Tengo miedo.”

Maiza no dijo nada.

“¡Tengo miedo, Maiza! Mientras esos recuerdos sigan dentro de mí, quizás algún día acabe como él…”

La voz de Firo se elevó presa del pánico, pero Maiza simplemente alzó una mano.

El joven se concentró en la palma de la mano y recuperó el temple, ahogando la mirada en la taza de café mientras se perdía en sí mismo.

“Lo… lo siento.”

“No, es bastante comprensible.”

La camarera dejo un café delante de Maiza también. Añadió dos terrones de azúcar y lo movió, manteniendo sus ojos fijos en la taza mientras hablaba con tranquilidad.

“Y por eso es por lo que tienes que asegurarte.”

Esta vez era el turno de Firo de permanecer callado y escuchando.

“Tienes que ver si también sientes algún tipo de autorrealización, de placer al arrebatar y destruir algo por lo que otros han trabajado por conseguir,” dijo Maiza. Firo no podía contradecirle.

“No querías, pero la necesidad era demasiado imperiosa. Quizás te pudieras sentir feliz. Quizás no, y toda tu preocupación seria por nada. Por eso pensaste en experimentar con algo que no pudiera hacer daño real a nadie…”

Firo miró fijamente a Maiza.

“… ¿Puedes leerme la mente o algo así?”

“Es solo una teoría,” sonrió Maiza. “Por lo tanto, Firo. Dime, ¿Cómo te has sentido al quitarles las cosas por las que habían trabajado tan duro?”

Se abstuvo de emitir una conclusión, en vez de eso preguntó por el resultado.

Quizás Firo había estado esperando la pregunta, porque contesto al momento, “Cuando los vi llorando, me hubiera gustado abofetearme.”

“Jaja. Me alegro de oír eso.”

Maiza no había esperado menos, y echó la cabeza atrás riendo ante la contestación de Firo. Los dos compartieron unas amigables risas y dieron un sorbo al café.

“Daré lo mejor de mí para olvidarme de él.”

“Eso no es necesario. Todo lo que tienes que hacer es aceptarlo y superarlo. Ser capaz de cortar los lazos si ves que te está arrastrando.”

Firo lo sopesó y respondió, “Lo intentaré.”

Dio otro trago al café.

“Pero… ¿crees que puedo desligarme del pasado y las emociones de otro yo solo?”

“Creo que es un dilema al que se enfrenta todo el mundo, no solo los inmortales.” dijo solemnemente Maiza, y añadió otro terrón de azúcar a su taza.

“Aunque ese pasado haya sido algo que has experimentado por ti mismo, quizás necesites deliberar un poco más si dejarlo ir.”

Lamió la cucharilla del café y se quedó mirando a algo muy lejano, con la mirada perdida.

“Todo el mundo es capaz de superar la tristeza y el dolor únicamente con sus propios esfuerzos.” Murmuró relajadamente, pero había una pizca de convicción que desmentía su tono bonachón. El hombre que invocó a un demonio hace tanto tiempo, el primero entre sus compañeros en agarrar el secreto de la inmortalidad, dio voz a su filosofía de vida.

“Eso es lo que creo.”


_______ 

 

“¡Grrr… Maldito Firo! ¡Tenemos que hacer que diga ‘tío’!”

“¡Llorará lagrimas amargas!”

“Espera, ¿vamos a hacer que diga ‘tio’ y que derrame lagrimas amargas? ¿No crees que eso es un poco cruel, Miria querida? ¡Creo que con lo de ‘tío’ es suficiente! ¡Le perdonaremos después de eso!”

“Wow, Isaac. ¡Eres tan amable!”

Isaac y Miria habían estado dando vueltas sin rumbo por las calles de Little Italy  tras salir corriendo del Alveare.

“Claro… Quizás podemos darle un papel con la palabra ‘tío’ escrita en él y decirle que la lea en voz alta. O podemos encontrar al tío de Firo y organizar una reunión familiar “

“¡Es el plan perfecto! ¿Pero por qué quieres hacerle decir ‘tío’?”

Isaac hinchó su pecho con orgullo como si hubiera estado esperando la pregunta.

“¡En realidad la expresión es algún tipo de canto proveniente de Japón! En el periodo Edo, solían decir ‘oncle’, ¡pero un japonés llamado Uchida Roan lo cambió por ‘uncle’! Estaba escrito en un libro llamado Las Cien Caras de no sé qué y no sé cuántos… ¡probablemente era alguna novela sobre un astuto ladrón como Arsène Lupin! (1)

“¡Eres muy inteligente, Isaac!”

Isaac hinchó aún más su pecho ante el alago de su compañera.

“¡Por supuesto! ¡No sé leer japonés pero le pedí al Sr. Yaguruma que me lo leyera por mí! ¡Perfecto, ¿a que sí?!”

“¡ Eso es lo que llaman contratar ayuda!”

“… Espera, no recuerdo si de verdad había  un astuto ladrón como Lupin en esa historia.” Dijo Isaac meditabundo, dando voz a una preocupación que una persona normal ya hubiera apuntado con anterioridad. Miria, sin embargo, se lo tomó todo con calma y dio una solución que ayudara a resolver su tribulación.

“Él estaba allí, ¡pero probablemente no le pudiste ver porque se estaba escondiendo! ¡Qué tipo tan escurridizo!”

“¡Tienes razón! ¡No le llaman el hombre de las mil caras por nada!”

“Ni siquiera un todomeki (2) sería capaz de verle!”

(1) La traducción de ‘tio’ en inglés es ‘uncle’ de ahí el juego de palabras. Uchida Roan fue un crítico, autor y traductor de la era Meiji. Arsene Lupin fue un caballeroso ladrón creado por el autor Francés Maurice Leblanc.
(2) Monstruo con forma de mujer y cien ojos creciendo en sus brazos.
“¡Maldita sea, debe de haber robado en mi mente mientras estaba distraído!”

Los dos fueron sacando temas cada vez más bizarros a la par que discutían su próximo plan de acción.

“Pero Firo es mucho peor que eso. ¡Robó más que mi corazón! ¡Se ha llevado mis sueños y esperanzas, mi tiempo! ¡Le declaro la guerra a Firo!”

“¡Una guerra para la posteridad!”

“¡Por las fichas de dominó! ¡No nos rendiremos hasta que pida disculpas por cada una de ellas que derribó! ¿Estas preparada, Miria?”

“¡Claro que sí…Ah!” gritó Miria, ocurriéndosele algo que cortó abruptamente su ataque de euforia.

“Pero Isaac, ¿Dónde vamos a dormir esta noche? Hemos dejado todo nuestro dinero y pertenencias en el restaurante.”

“¡No te preocupes, Miria! Hay un dicho originario del lejano Este, ¿no le conoces? ¡Tener un puerto en cada tormenta!”

“¿Qué significa eso?” preguntó  Miria con curiosidad.

“Supongo que significa que no importa el tipo de puerto en el que estés, siempre y cuando haya una tormenta, habrá botes esperando para llevarte a donde sea… En otras palabras, podemos dirigirnos a donde queramos que las cosas saldrán bien de un modo u otro!”

“¡Se puede confiar tanto en ti, Isaac!”

Con la adoración de Miria resonando en sus oídos, el pequeño detalle de que estaba completamente equivocado no le importaba en absoluto a Isaac. Se embarcó en un nuevo tren de pensamientos para ver si podía impresionar aún más a su compañera.

“Ya lo tengo. ¡Jajaja, Miria! Significa que el Cielo va a mandar a Noé con su arca para salvarnos, como hizo con Moises!”

“¡Como la gran inundación de Egipto!”

“Jaja, eso significa que tenemos los Diez Mandamientos. ¡ Le ordenaremos a Firo que se disculpe por las fichas de dominó diez veces! ¡En nombre del dios de los dominós!”

“¡Así que por eso lo llaman dominio! ¿Qué más te ha dicho el dios dominó, Isaac?” inquirió Miria, con sus ojos brillando de emoción ante el improvisado plan de Isaac.

“¡Tenemos muchísimos amigos más en los que confiar aparte de Firo! ¡Podemos pedirles alojamiento para esta noche!”

“¡Que plan tan genial!”
La pareja se puso en marcha inmediatamente, sin plantearse ni por un instante que sus dudosos planes no fueran a dar resultado.

El cielo estaba nublado, pero de alguna manera ellos brillaban a pesar de todo. Casi parecía que fueran el centro del mundo.



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Un momento después de que se marchara la extraña pareja, otra nueva apareció en el mismo lugar.

Uno de ellos era un hombre con los ojos afilados que llevaba un abrigo, y la otra era una joven esbelta que vestía con un traje de oficina.

Ronnie y Ennis.

Parados en medio de la calle y mirando alrededor los dos formaban un extraño, aunque no completamente dispar, dúo.

“Hmm, parece que llegamos tarde… Bueno, no importa.”

“¿Deberíamos separarnos y buscarles… Sr. Ronnie?”

Ennis se giró para mirar hacia Ronnie, el cual estaba cavilando con sus ojos cerrados y los dedos sobre la frente.

“¿Sr. Ronnie? ¿Algo va mal?” preguntó Ennis con cautela, y Ronnie abrió los ojos despacio.

“… Parece que se dirigen al mismo lugar que yo… No te preocupes. Por aquí.”

“¿Disculpe? ¿Qué?”

Ennis lo siguió, con el desconcierto en su rostro.

“Espere, Sr. Ronnie… ¡Espere!”

Ronnie se encaminó inmediatamente a cumplir su misión, como si pudiera ver a donde habían ido Isaac y Miria… Era como si sus ojos lo vieran todo.

Ennis desistió de insistir más y decidió seguirle simplemente.

Me pregunto por qué el Sr. Ronnie hace esto de cuando en cuando. Lo hace cada vez que está buscando algo. Y termina encontrándolo, sea lo que sea, como si pudiese ver dónde están las cosas pero sin mirar.

Había sentido desde hacía tiempo extrañas vibraciones del hombre llamado Ronnie. Parecía diferente a los humanos normales. Mas similar a su viejo maestro Szilard, o a Maiza o Firo.

Lo que más perpleja la dejaba es que tenía la sensación de que le había conocido en algún otro lugar antes.

Rebuscó en los recuerdos del inmortal que había devorado mucho tiempo atrás, pensando que quizás esa sensación tuviera raíz en los recuerdos de él… pero aun así falló el intento de recordar el pasado de Ronnie Schiato.



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“¿Entonces a dónde vamos?”

“¿Mmm?” murmuró Tim, y respondiendo con facilidad. “Millionaire Row. ¿Por qué?”

“¿Millionaire Row?...”

Dallas bajó la guardia por un momento al escuchar el nombre del vecindario más opulento de todo Manhattan. Era un lugar para gente rica, no para una panda de sinvergüenzas como el grupo de Tim.

El propio Dallas, por supuesto, era diferente. Venia de una de las familias más ricas de Nueva Jersey, y hoy en día había una imponente mansión construida por su abuelo en el barrio.

Había sido uno de los herederos de esa gran fortuna, pero habia habido alguno que otro roce con el resto de su familia excepto con su hermana, y al final terminó yéndose de casa, viéndose envuelto en los tejemanejes de Szilard, y de una forma u otra habia acabado donde estaba ahora.

“Ese lugar no está hecho para basura como vosotros, imbéciles.”

“… Tu arrogancia nunca deja de fascinarme,” repuso Tim, sonriendo ligeramente. Miró a Dallas como si se tratara de un nuevo tipo de vida. “Entiendo por qué Huey está interesado en ti.”

“¿Eh?”

“Oh, haz como si no hubiese dicho nada, ¿vale? Bueno, sobre nuestro destino,  apostaría a que tú mismo has estado allí unas cuantas veces.”

Dallas se sorprendió y de pronto se dio cuenta de a lo que se refería Tim.

“¡Gilipollas, estás yendo hacia mi casa, ¿no?! ¿Por qué…? Ahora no hay nadie all… Espera, ¡¿los hay?! ¡Hey! ¡Eve no estará allí, ¿verdad?! Si os atrevéis a…”

“Bueno, tienes razón en una cosa. Un aplauso para nuestro invitado por acertar el lugar… Aunque, el resto no es correcto.”

Tim siguió caminando, con el semblante serio para atajar cualquier grito airado de Dallas.

“No te preocupes. Tu hermana pequeña no está allí.”

Se rio en silencio, y murmuró algo que Dallas no podía comprender.

“En su lugar hay un pequeño grupo de delincuentes hospedándose en la casa…”


“Aunque creo que sería más correcto llamarles el cebo.”



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“Así que, amigo, ¿Dónde están la gente que andamos buscando?” preguntó María a su compañero mientras caminaban por Broadway, claramente aburrida.

Miles de anuncios engalanaban la calle como pétalos de una flor, y entre ese torbellino de publicidad se podían intuir numerosas carteleras coloridas. Algunas eran tan llamativas que uno podría llegar al error de que estaban iluminadas por luces de neón en vez de por el sol que se alzaba alto en el cielo, y de hecho, varias de ellas brillaban con luminosas luces fluorescentes.

Las hermosas decoraciones dibujadas en los anuncios se unían para formar un gran mosaico, tan grande que había que girar el cuello para verlo todo de una vez, y estos mosaicos, a su vez, se unían para formar el gran anuncio conocido como Broadway.

Pero incluso en tan extravagantes circunstancias, la belleza de María llamaba la atención de muchos ojos, y varios hombres pararon lo que estaban haciendo para silbarla cuando pasó por su lado. Probablemente pensaran que era una actriz.

María, por su parte, era completamente inconsciente de estas miradas de admiración. En su cabeza se estaban formando terribles pensamientos sobre como blandir sus espadas de la manera más eficiente para acabar con todos los que la rodeaban.

Su pregunta fue un intento de quitarse el aburrimiento de encima tras haber realizado tal masacre mental.

“¿Una fábrica abandonada? ¿Un sótano? ¿Dónde nos estás llevando, amigo?”

Era una pregunta que debería haber hecho mucho antes, pero a Tick no pareció importarle.
“Mmm, bueno… Esa una casa en Millionaire Row que pertenece al Sr. Genoard.”

“¿Por lo tanto ese  tal Genoard es nuestro objetivo de hoy? ¿Puedo rajarle?” quiso saber María con la excitación revoloteando en su pecho, pero Tick sacudió la cabeza.

“No, mmm, la gente que vive ahí ahora mismo están dirigidos por alguien llamado…”

Sacó una nota de su bolsillo y leyó el nombre escrito en ella.

“Veamos, tiene un tatuaje en la cara…”

Tick tuvo que leer hasta el final para encontrar el nombre que estaba buscando.

“Eso era, ¡es Jacuzzi! Estamos buscando al Sr. Jacuzzi Splot.”


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