Solo puntualizar que no intenteis encontrar coherente lo que dicen Isaac y Miria por que es imposible u_u
Tras acabar este capitulo llevo 103/187 paginas traducidas, para que os hagais una idea de como va la cosa. Y el siguiente capitulo es de los laaaaaaaargos, asi que no os pongais impacientes :3
Sin más os dejo con el Capitulo 1!!
“Ahora bien… Si tiene alguna excusa, Srta. María, soy todo oídos.” Dijo Luck tranquilamente, dando
golpecitos en la mesa con un dedo.
Una amable sonrisa adornaba su rostro, pero la amabilidad se detenía justo donde
empezaban sus ojos.
Había un pequeño local de jazz situado en Little Italy.
Bajo este lugar estaba la oficina de los hermanos Gandor, los que controlaban
las operaciones ilegales de la zona.
La música que se colaba del local de arriba, ofrecía un
ambiente muy agradable. Varias mesas redondas se disponían por toda la sala, e
incluso había varias mesas de billar en las esquinas.
La apariencia sospechosa de los hombres que estaban allí
reunidos, dejaba claro que la oficina de los Gandor no era lugar para gente
normal y corriente.
Sin embargo… había una persona en esta habitación que actuaba
como si nada.
Ella se sentaba en una de las mesas del centro de la sala,
frente a Luck. A simple vista, cualquiera podría haber pensado que se trataba
de una bailarina por sus coloridas ropas. Era una joven con la piel ligeramente
morena, bastante atractiva para el resto de la gente.
La mujer, María Barcelito, desvió la mirada e hizo un
mohín.
“Hmph.”
“¿Qué quieres decir con ´hmph´?
Luck perdió la compostura y golpeó la mesa con la palma de
la mano, como si estuviera regañando a un niño pequeño. Los gangsters que
estaban en la habitación, ahogaron una risita.
“Srta. María. Tu trabajo es salvaguardar a las bailarinas
del casino. Esto lo tienes claro, ¿verdad?”
“¡Por supuesto que sí, amigo!
¡Es por eso que me deshice de esos señores tan alborotadores! ¡Fue un abrir y
cerrar de ojos, chop chop!”
“Y en mi abrir y
cerrar de ojos, me encontré con tres máquinas tragaperras totalmente
destrozadas, una mesa de cristal hecha pedazos, algo que en su día fue la
puerta del casino, y una lámpara de araña lista para ir a la basura- todo
consecuencias de tus espadazos cuando mataste a esos hombres. Bien, me
encantaría oír la razón por la que encontraste necesario destruir mi
propiedad.”
Ahí estaba la verdad, y María tenía que hacerla frente.
“… Es solo algo que pasó.”
Luck golpeó la mesa de nuevo y exhaló un largo suspiro,
repleto de sufrimiento.
Viendo como la sonrisa se iba de su rostro, María le
ofreció una inocente sonrisa para intentar animarle.
“¡No te deprimas, amigo!
¡Estas mejor cuando sonríes, ya sabes!”
“¿Y de quien es la culpa de mi ánimo actual, si se puede
preguntar?”
“… Lo siento, amigo.”
María retrocedió, acobardada. Su aspecto era el de una
hermosa mujer, pero sus actitudes eran aun las de una niña.
María era una invitada de los Gandor (aunque para ser
sinceros, se había auto-invitado), la cual se había ganado la vida como
asesina.
Eso no significaba que estuviera retirada, así que sería
más preciso decir que seguía
ganándose la vida como asesina.
Se había topado con la familia Gandor gracias a cierto
incidente que había tenido lugar el año pasado, y viéndose arrastrada por el
carisma de Keith Gandor, había pasado a formar parte de la organización como
una inestimable aliada. O al menos esa era la historia que le gustaba contar.
En realidad, era más como un huésped no invitado.
En la oficina de los Gandor no es que se vieran mujeres
muy a menudo, y una señorita Mejicana
mucho menos. Había habido algún que otro roce entre ella y algunos miembros de
la Familia cuando entró por primera vez. Sin embargo, era obligado decir que la
mayoría de esos incidentes no habían sido causados por su género o por su
nacionalidad, sino más bien por su excesiva inocencia.
Pero no tardaron en adaptarse unos a otros con bastante
facilidad, y ningún problema grave había surgido desde entonces.
En vez de eso, inmediatamente había empezado a causar
migrañas por culpa de pequeños rifi rafes, como el que hacía que Luck se
devanara la cabeza ahora mismo.
“Estoy de acuerdo en que te encargues de los clientes
molestos. En eso no puedo ponerte pegas. Solo quiero saber si puedes hacerlo
causando menos daños colaterales.”
María sonrió con recato y dio unos golpecitos a las
espadas que llevaba en la cintura. Las brillantes empuñaduras negras se
continuaban con hojas de acero, que parecían demasiado largas para blandirlas
por alguien con los brazos tan finos como los suyos, dando un sombrío contraste
a su colorido atuendo.
“¡Murasamia y Kochite cortan lo que quieren cuando las
esgrimo, ya lo sabes!”
“No culpes a tus espadas de esto.”
“Hmph.”
“¿¡Que quieres decir con ´hmph´!?”
La mano golpeó por tercera vez la mesa. Algunos de los
miembros de la Familia no pudieron aguantarse más y estallaron en carcajadas ante
la cómica escena.
Luck les lanzó una mirada helada y pronto desviaron la
vista hacia otro sitio, pero por cómo se estremecían sus hombros estaba claro
que estaban luchando por contener la risa. Luck normalmente era una persona
calmada y tranquila, pero por algún motivo se había encontrado con problemas a
la hora de tratar con María, y la mayoría de sus charlas acababan siendo como
la de un profesor novato regañando a un alumno revoltoso.
Técnicamente, la podría haber castigado más duramente de
lo que lo hacía, pero María era la mejor luchadora que tenían los Gandor. Por
supuesto, si miramos fuera de los límites de la Familia, había un sicario
llamado Vino, pero Luck lo consideraba demasiado caprichoso y poco fiable como
para considerarle parte de sus fuerzas.
En otras palabras, no había nadie en la Familia capaz de
llevar a cabo ese castigo en María. Para ser honestos, ella obedecía todo lo el
hermano de Luck, Keith, decía sin rechistar, pero el problema era que Keith
solo hablaba una vez al mes, como mucho, y no parecía muy interesado en
corregir el comportamiento de María.
A su otro hermano, Berga, parecía que le gustaba la
personalidad tan impulsiva de María, y cuando Luck le pidió ayuda, él solo
sonrió y dijo : “¿Por qué no dejarla hacer lo que quiere?”
Lo que dejaba a Luck solo ante el peligro, con cara de
haber estado lamiendo limones, regañando a la mejor asesina de su organización.
“Bueno, es que ha pasado mucho tiempo desde que tuve la
oportunidad de hacer algo… Nadie ataca nunca el casino.”
“¡Claro que no! ¡No deberían! ¿¡Tienes idea de lo duro que
trabajamos para asegurarnos de que no ganarnos ningún enemigo!? En el mejor de
los casos, estarás bailando en el escenario por una larga temporada porque
nadie empezará jamás una disputa.
Ahora sí que María no pudo contenerse más.
“¡Eso no es divertido! No es divertido, no es divertido,
no es divertido en absoluto, amigo! ¡Sabes que soy una asesina! ¿No tienes algo
más estimulante y divertido? ¡Es aburrido estar bailando día tras día, tras
día! ¡Si sigo así voy a acabar sacándole el ojo a alguno si me mira de forma
´poco correcta´!”
“Por favor, ni bromees con eso.”
Luck pareció darse cuenta de que no tenía sentido seguir
con la discusión, y cambió de táctica.
“Muy bien, Srta. María. Si insistes, puedo encomendarte
otra tarea.”
“¿Oh? ¿¡De verdad!? ¡Gracias, amigo! Bien, ¿qué jefe de qué familia quieres muerto?
“Me temo que no es nada tan temeroso como eso.”
“¿Qué? ¿Temeroso? Venga, puedo encargarme de esa pequeña
camorra que anda por aquí cerca. ¿Los Martillos o algo así? ¿Quieres que vaya y
acabe con su jefe?”
Si alguien que no fuera de la Familia hubiera escuchado
esto, podría haber conllevado graves problemas. Luck juntó sus manos e inclinó
la cabeza como si le estuviera rezando a algún dios.
Suspiró de nuevo, e intento poner en orden lo que quería
decirle a María.
“Srta. María. Nosotros estamos haciendo continuamente todo
lo que podemos para que un suceso así no ocurra nunca. Si una disputa de
territorios ocurriera en tiempos como estos, Lucky Luciano, de la Cosa Nostra,
se echaría encima de nosotros antes de nos diéramos cuenta.”
La mafia de estos tiempos se estaba modernizando poco a
poco, gracias a los esfuerzos de Lucky Luciano. Una gran organización llamada
la Cosa Nostra controlaba el mundillo criminal con puño de acero, e incluso
cosas como venganzas o luchas de territorio, tenían que ser aceptadas por el
consejo de la Cosa primero.
La Familia Gandor no era parte de la Cosa Nostra, pero era
exactamente por esa razón por la que tenían que ser más cuidadosos. Luck en
particular, ostentando un cargo de responsabilidad dentro de la organización,
era el más interesado en evitar cualquier cosa que trajera el diezmo de su
Familia por encima de todo.
Y por eso decidió darle un trabajo a la mujer que tenía
delante que mantuviera el statu quo como estaba.
“Si tantas ganas tienes de luchar, voy a encargarte un
trabajo que puede darte la oportunidad de hacerlo. Es contra unos delincuentes
que no forman parte de ningún grupo, y no hay ninguna propiedad nuestra cercana
que puedas destrozar. Por supuesto, el hecho de luchar dependerá de cómo vayan
las negociaciones.”
“¿Entonces de que se trata, amigo?
María se inclinó un poco hacia delante, con una pizca de
curiosidad en sus ojos. Cosa que no desaprovechó Luck .
“Parece que hay un grupo de jóvenes marginados sociales en
la zona que han estado haciendo trabajos extraños sin nuestro permiso, desde el
año pasado. Está claro que solo están jugando a hacer lo que nosotros vemos
como negocio, pero…como sabes, la Prohibición es levantada este año.”
“¿Oh, sí?”
“¡Sí!”
La Prohibición había tenido una profunda influencia en la
historia Americana desde su aprobación en 1920, especialmente con el apogeo del
crimen organizado.
Sobra decir que esa influencia había sido rotundamente
positiva para ellos.
Las leyes de la Prohibición se instauraron de acuerdo con
los deseos de políticos y ciertos grupos de ciudadanos, pero en vez de
disminuir las ventas de alcohol, como era su propósito, la Prohibición trajo un
aumento exponencial de las destilerías clandestinas, ofreciendo una gran fuente
de ingresos a la gente de poca ley.
Este resultado no intencionado conllevó a protestas contra
estas leyes defectuosas, y finalmente, en Febrero de 1933, El Congreso enmendó
la constitución de los Estados Unidos. Los diferentes estados fueron aboliendo
la ley uno por uno, y cuando Utah derogó su prohibición del alcohol in
Diciembre de ese mismo año, la Prohibición llegó a su fin.
Ese momento aún no había llegado, pero era por todos
sabido que la Prohibición estaba en las últimas, y las tabernas podían ya pedir
sin miedo sus bebidas espirituosas a destilerías legales, en vez de tener que recurrir
al contrabando.
Esto hizo que los gangsters de América , los cuales habían
conseguido mayúsculas sumas de dinero con su alcohol ilegal, tuvieran que
buscarse otra fuente de ingresos. La Familia Gandor, cuyos beneficios provenían
principalmente de las destilerías ilegales y el contrabando, no eran una
excepción, y Luck había estado devanándose los sesos durante mucho tiempo con
qué hacer con este tema…
“Srta. María, estos alborotadores están llevando a cabo
varias operaciones ilegales en las calles sin nuestro consentimiento. Coquetean
con la destilación, apuestas en el hipódromo, e incluso algún que otro trueque
ilícito. Normalmente los hubiéramos asustado un poco y dejaríamos las cosas
estar, pero parece ser que su banda tiene más miembros de los que esperábamos…
Empiezan a ser un dolor de cabeza.”
“¡Entendido alto y claro, amigo! ¡Así que quieres que vaya y los haga pedacitos a todos!”
“… No quiero ni saber sobre tu modus operandi antes de que
vinieras aquí. Como sea, no queremos causar una conmoción, por eso me gustaría
que fueras y simplemente intimidaras a su líder un poco. Lo suficiente para que
no revuelvan contra nosotros. No hace falta decir que si acepta nuestras
demandas, eso no será siquiera necesario.”
María lo pensó por un momento y dijo: “Creo que lo
entiendo, amigo. Lo que quieres es
que mate primero a uno de ellos y si el resto ataca, entonces lo puedo
considerar como oponer resist-“
“Srta. María.”
“… Lo siento. Supongo que me he dejado llevar, amigo.”
María no pudo más que disculparse ante la glacial sonrisa
de Luck. El tiempo que había pasado formando parte de la sociedad menos
favorecida, le había servido a María para saber instintivamente cuando estaba a
punto de cruzar la línea para enfadar a alguien.
“El problema es que, pese a que operan en nuestro
territorio, su base la tienen en una zona controlada por otra organización.
Tenemos un pacto de no agresión con dicha organización, así que me encantaría
que te frenaras para no causar ningún lío.”
Apaciguado por la expresión de arrepentimiento de María,
Luck se tranquilizó y empezó a explicarse.
“Para no irnos por las ramas, lo que quiero que hagas es
que seas un guardaespaldas. Sr. Tick, se encargará de las negociaciones y de
las amenazas. Todo lo que tienes que hacer es mantenerle a salvo.”
Luck miró intencionadamente a la puerta que estaba al
fondo de la sala, y María se giró para mirar también.
Vieron a un joven sentado en una pequeña mesa, con sus
tijeras danzando mientras cortaba un jarrón de flores.
Se llamaba Tick Jefferson y era el especialista en
torturas de la Familia Gandor.
El joven continuaba cortando las flores del jarrón con una luminosa sonrisa en su rostro, hasta
que se dio cuenta que los dos le estaban mirando. En ese momento alzó su mano
para mandarles un saludo.
Sostenía un par de tijeras plateadas y brillantes en esa
mano, las cuales lanzaron destellos de la luz que reflejaban mientras se movían
de adelante a atrás con el saludo, formando un arco metálico sobre su cabeza.
“¡Hola! ¿Queréis algo de mí?”
Si uno solo se fijaba en el tono de su voz y en sus
acciones, podríamos pensar que era un joven amable – quizás un poco infantil,
pero lo suficientemente agradable, no obstante- Pero las tijeras de sus manos
hacían que se esfumara esa imagen.
Luck le lanzó una fugaz sonrisa y se giró para mirar a
María de nuevo.
Como Tick, ella también estaba sonriendo inocentemente
mientras saludaba con la mano al torturador.
… Me da a mí que vosotros dos
estáis casi al mismo nivel de madurez.
Luck no dejó que sus pensamientos se reflejaran en su
semblante y continuó la explicación a María.
“Ya le explique todo a Sr. Tick, así que dejo el asunto en
vuestras capaces manos. ¡Y una cosa más! Los delincuentes con los que os mando
lidiar han estado también merodeando por el territorio de la Familia Martillo,
así que ellos también están involucrados. Los Martillos me han dicho que
también van a ponerse en marcha en el día de hoy, así que por favor, por favor, ¡no te metas en ningún lio
con ellos!”
“… Vale…”
“¡Hooola!”
María se levantó de un salto tan pronto como Luck acabó de
hablar y correteo hasta la mesa de Tick, sentándose a su lado y regalándole una
dulce sonrisa.
“¿Qué andas haciendo, amigo?”
Ella le estudió como si estuviera haciendo algo
fascinante. Había un jarrón lleno de flores encima de la mesa, y de cuando en
cuando Tick lanzaba sus tijeras abiertas hacia el ramo y las cerraba
produciéndose un sonido muy característico.
Hubo un claro chasquido de metal contra metal, y cuando se
desvaneció una flor cayó sin hacer ruido alguno sobre la mesa, con su tallo
cortado en dos.
“Estoy cortando flores” Dijo Tick tranquilamente,
recogiendo la flor que había cortado y devolviéndola al jarrón.
“Me las trajo Edith. Dijo que sería un bien florista.”
Edith era una empleada en uno de los bares de la Familia
Gandor. Había conocido a Tick por una serie de extraños acontecimientos,
terminó viéndole como un amigo, y le había enviado flores como un regalo. Pero…
“Creo que las flores son increíbles.”
Cris.
Otra vez el sonido metálico, y otra vez una flor cayó a la
mesa.
Tick le había dicho a Edith que las podaría con mucho
cuidado, y fiel a su palabra, había pasado los últimos días cortándolas en
cachitos.
“Puedes cortarlas justo por la mitad y seguirán vivas
siempre y cuando las mantengas en agua, ¿ves?”
Aunque las flores ya habían sido cortadas cuando Tick las
recibió, y él les había cortado aún más el tallo a todas en mayor o menos
medida, ninguna de las flores se había marchitado completamente.
El ramo se había quedado en la mitad de su altura
original, y lo que fuera un conjunto de flores bien organizadas, se había
convertido en un desorden de flores agrupadas sin ton ni son.
Edith le dijo que podía ser un buen florista, pero era
difícil que alguien comprara un ramo tan desastroso.
“Mmm… Supongo, pero yo quiero cortar cosas más
sustanciales que flores, amigo.”
Comentó María, desviando el tema de conversación. La mayoría de los miembros de
la Familia se mantenían al margen de Tick, ya que encontraban sus hábitos
bastante perturbadores, pero María estaba completamente tranquila ante el
extraño pasatiempo del joven.
“¡Acerca de la misión! ¿Cuándo nos ponemos en marcha, amigo? ¿Ahora, verdad? ¿¡Ya de ya, a que
sí!?”
María se echó hacia delante, con los ojos brillando. La
suave curva de su barbilla tocó los pétalos.
Si alguien hubiera sacado una foto de ese momento, hubiera
sido una estampa preciosa, pero sus palabras arruinaron la atmosfera. Los
hombres que la miraba desde lejos, suspiraron y murmuraron para sí con nostalgia, pensando
que ella sería perfecta si no hubiera estado loca.
Solo Tick murmuró inocentemente y dijo, “Wow, María. Las
flores te hacen parecer más bonita.”
“¿De verdad? ¿Eso crees? ¡Gracias!”
A María le gustó el cumplido, y miró una vez más a las
flores. Había muchos tipos diferentes en el jarrón, pero en vez de dar una
impresión recargada y chillona, Edith había elegido variedades que relajaban la
mirada.
“Hmm…”
María se quedó mirando el jarrón un rato, perdida en sus
pensamientos, y repentinamente agarró a Tick por el brazo.
“¡Las flores pueden esperar hasta que hayamos acabado!
¡Venga, a trabajar! ¿Por favor?”
Parecía casi como una niña pequeña que quería conseguir
sus caprichos, tirando insistentemente del brazo de Tick.
Incapaz de rechazar la plegaria, Tick dio un último corte
al ramo y se levantó, murmurando en un susurro.
“… Me pregunto si esta flor tiene también familia…”
“¿Cómo has dicho?”
“Oh. No es nada.”
La sonrisa de Tick se volvió más suave y dulce que antes.
Siguiendo los pasos de María, se dirigío a la salida.
Sus semblantes estaban totalmente vacíos de miedo o duda,
haciendo difícil saber si entendían la misión a la que se estaban dirigiendo.
Si entendían que un mínimo error podía acabar en un baño
de sangre…
Los miembros de la Familia que quedaron en el local
conversaban entre ellos despreocupadamente.
“¿Creéis que esos dos de verdad serán capaces de ocuparse
de esto?”
“Se comportan como críos, sí, pero esos punkis con los que
van a tratar son críos, así que
supongo que estarán bien. Quiero decir, Tick puede hablar como un idiota, pero
es lo suficientemente listo.”
“María esta con él, así que al menos no saldrá herido.”
“Esas espadas de samurái que lleva son casi más temibles
que unas ametralladores…”
Todo, de una manera u otra, confiaban en las habilidades
de María, así que ninguno estaba verdaderamente preocupados por ellos.
Luck dio un paso al frente y puso freno a tan distendida
charla.
“Caballeros, ¿no creéis que estáis confiando demasiado en
su fuerza?”
Si una organización llegaba a depender demasiado de una sola persona, el
resto de los hombres podían volverse comodones y vagos. Era una situación que
Luck quería evitar más que cualquier cosa. Se había preocupado por esto cuando
Vino llegó de visita, pero afortunadamente se marchó pronto, y así el problema
se resolvió por sí mismo.
Pero ahora se enfrentaba al asunto de María. Bajo ninguna
circunstancia, la Familia Gandor se podía permitir que se extendieran rumores
de que su fuerza dependía completamente de los caprichos de una jovencita.
“Pero Jefe, tiene que admitir que ella probablemente
podría traernos la cabeza del jefe de los Marti-“
“Ni bromees con eso. A menos que de repente pienses que la
vida es una carga, en cuyo caso, siéntete libre de continuar.”
Su voz podía helar cualquier cosa; ni una pizca del
temperamento que había mostrado con María
afloraba ahora a su voz. Los gánsters que oyeron la velada amenaza no
pudieron evitar notar un escalofrío corriendo por su espalda.
“Además, los Martillos no son como para tomarlos a la
ligera. Tienen a Ronni Schiatto, un hombre que puede compararse con el
mismísimo Vino… y tampoco hay que subestimar a Yaguruma y a Maiza.”
Cuando acabó la regañina a sus subordinados, Luck murmuró
para sí: “y tampoco a su ejecutivo más joven… Firo Prochainezo…”
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Al mismo tiempo
Alveare
“¡Eres horrible, Firo!”
“¡El peor!”
“¡No hay nadie más perverso que tú!”
“¡Nadie en el todo el ancho mundo!”
Había una carretera que se extendía entre Little Italy y
Chinatown, y en esa carretera había una tienda de miel, y en esa tienda de miel
había un pequeño restaurante.
Había una placa metálica con la forma de una colmena
colgando de la entrada, con la palabra ‘Alveare’ (‘colmena’ en italiano)
inscrita en ella.
Entre las asociaciones criminales de Italia, existía un
grupo llamado la Camorra. Estaban estructurados de forma diferente y tenían
diferentes normas comparados con la mafia, y se contaban entre las tres grandes
organizaciones criminales italianas, junto con la mafia siciliana y la
‘Ndrangheta’.
Entre las numerosas asociaciones menores que formaban la
Camorra, se encontraba la Familia Martillo, un grupo que controlaba pequeñas
zonas de Little Italy y Chinatown. Este restaurante, impregnado con el aroma de
la miel, era su base de operaciones.
Originariamente había sido el restaurante clandestino más
grande del territorio de los Martillo, pero gracias a que La Prohibición estaba
siendo abolida, Alveare se había convertido en un salón completamente legal.
Dentro habia una gran lámpara de araña que brillaba con sus cristales en forma
de gema, una zona de bar decorada con majestuosas esculturas, mesas, lámparas
de aceite en las paredes… Estaba adornado con ostentosa decoración, y el aroma
de platos limpios se mezclaba con el de la miel.
Era la hora de la comida, y normalmente el restaurante
estaría lleno de hambrientos comensales… pero no era así ese día, las cosas
eran un pelín diferentes.
“Oh, venga ya. Dejadme tranquilo de una vez. Ya he dicho
que lo siento, ¿no?”
Un hombre se apoyó pesadamente contra la barra del bar, y
mientras se disculpaba de mala gana se le escapaba una expresión de cansada
irritación al semblante.
Aparentaba casi veinte años, debería tener unos dieciocho
o diecinueve. Pero si uno se fijaba solo en sus facciones infantiles, incluso
se le podrían echar un par de años menos.
Estaba sentado, rodeado de varias personas más, y como
líderes de este peculiar grupo, había una pareja que alzaban sus voces en
protesta, gesticulando mucho con sus brazos.
“¡Un ‘lo siento’ no va a arreglarlo!”
“¡No va a arreglarlo en absoluto!”
El hombre llevaba un esmoquin que le hacía parecer un
ilusionista y, lo más seguro, para ir conjuntada con él, la mujer llevaba un
atuendo que bien podría ser el de una bailarina.
Estaban completamente fuera de lugar, pero no parecía que
nadie fuera a cuestionar la elección de sus trajes.
El hombre, Isaac Dian, elevaba su puño al aire mientras
miraba al chico.
“¿¡Tienes idea de lo duro que trabajamos para colocar esas
fichas de dominó!?”
La mujer, Miria Harvent, contribuyó también a la bronca.
Ella se movía alrededor de Isaac, agitando su puño enfadada.
“¡Hemos derramado sangre, sudor y lágrimas, ¿sabes?!”
Su enfurecida perorata hizo que el chico, Firo
Prochainezo, suspirara de nuevo.
“Perdonad, pero no recuerdo ver ninguna sangre ni lagrimas
por ningún lado.”
“¡Ni pienses en engañar la justa pasión que corre por mis
venas con tus malévolas palabras!”
“Isaac lloro un poco cuando tiraste las fichas, ¿sabes?!”
Lo que decían no tenia mucho sentido, pero la gente que
estaba alrededor parecía estar de acuerdo, y se unieron a la regañina del
joven.
“Tío, admite que fue culpa tuya, Firo.”
“Te falta concentración y eso es por culpa de que estas
dejando de lado tu entrenamiento.”
“Creo que deberías intentar disculparte más de corazón,
Firo.”
“Firo…”
“Joe, más cosas por el suelo que limpiar por culpa de
Firo.”
“Vete a casa.”
“Sí. Lárgate.”
“Fuera.”
“Pírate.”
Al principio, estaba aguantando sin rechistar, pero se
estaba irritando más y más a medida que sus compañeros arremetían contra él. El
suave entrecejo fruncido dejó paso a una mueca de verdadera ira.
… Soy un capo de la Familia
Martillo, ¿no?
De Randy y Pecho puedo
aguantarlo. Son ejecutivos de la Familia también. ¿Pero por qué tengo que
soportar la bronca de Czes, y de los miembros que no son ejecutivos, incluso
Lea, la maldita camarera?
Vale que la haya cagado.
¿Pero de verdad merezco que se metan así conmigo por algo como esto?
Firo se regodeaba en sus pensamientos, la ira creciendo
más y más, hasta que…
“¡Paganos por esas fichas de dominó!”
“¡Exigimos un reembolso!”
…explotó.
“¡Callaos!”
“¡Gah!”
“¡Aah!”
“¿Por qué demonios tengo que pagar nada a nadie por unas
estúpidas fichas de dominó? ¡Solo las he tirado, por el amor de Dios! ¿Las
golpee o algo? ¿Eh? ¿¡Que, se han roto en miles de cachitos solo por haberlas
derribado!? ¡Dí!”
Isaac y Miria se pusieron rígidos por sorpresa ante el arranque de ira de Firo.
Isaac y Miria se pusieron rígidos por sorpresa ante el arranque de ira de Firo.
Pero Firo no se había desahogado del todo y continuó.
“ ¡Veréis, este lugar es para comer, no para jugar con
fichas de dominó! ¿¡Ya que os dejo el local para hacer estas cosas, no podéis
dejar el tema estar de una vez!?”
Firo se detuvo, respirando trabajosamente y fulminando con
la mirada a la pareja.
Randy y Pecho murmuraron en un tono bastante alto entre
ellos mientras miraban de reojo al
furioso joven.
“Cree que los malos aquí somos nosotros, ¿eh?”
“No le vi quejarse mientras estaba colocando las piezas de
dominó con el resto, no señor.”
Firo podía oírlos perfectamente, por supuesto, pero los
ignoró y se concentró en mantener un semblante de puro odio.
Isaac y Miria permanecieron congelados durante un largo
tiempo, pero de repente empezaron a temblar a la vez, y …
“¡Aaaaaaagh! ¡Eres un completo idiota, Firo!”
“¡Waaah! Eres un completo ‘touhenboku’(1), Firo! ¡Un
completo bárbaro! ¡Estúpido y ruin y mal tipo, todo a la vez!”
…salieron corriendo hacia la puerta, sollozando y soltando
toda clase de improperios que pudieran imaginar.
“¿… To…touhenqué?”
Tartamudeo Firo, cuya ira fue sustituida por confusión
mientras intentaba encontrarle el sentido a lo que había dicho Miria. Yaguruma,
el cual había inmigrado desde Japón, murmuró relajadamente par sí, al lado de
Firo.
(1) Patán ignorante
“Me pregunto cómo la Srta. Miria ha aprendido japonés tan
bien…”
Isaac y Miria tiraron con fuerza de la puerta para abrirla
y casi se toparon de bruces con el hombre que entraba. Sostenía una bolsa de
papel en una mano y pudo apartarse con soltura a un lado para no chocar con la
pareja.
“¿Qué es esto?”
Cuando parecía que los dos habían ya desaparecido de
escena, Miria asomó la cabeza desde detrás del hombre y le sacó la lengua a
Firo.
“¡Bleaah! ¡Espero que el Sr. Yagyou(2) te pisotee con su caballo sin cabeza, Firo!”
Habiendo descargado su último insulto, salió con brío tras
Isaac.
Viendo cómo se iba Miria, y su vestido revoloteando detrás
de ella, uno podía recordar el cuento de La Cenicienta. Firo la vio irse y
suspiro pesadamente por tercera vez.
“¿Quién es ese tal Yagyou? Maldita sea… Estoy tan
confundido que ya no estoy ni enfadado…”
Se dio la vuelta, todavía refunfuñando, y se dio cuenta
que todos en el restaurante le estaban mirando. No decían nada, pero estaba
claro su desdén.
“… ¡Ya basta! Estaba equivocado, ¿vale? ¡Es todo culpa
mía! ¿Qué, contentos?”
El hombre que había llegado el último miró con curiosidad
a Firo.
“¿Ha pasado algo mientras estaba fuera?”
“Ah, Ronnie. No, no fue nada. Solo que derribé las fichas
de dominó de Isaac y Miria justo antes de que acabaran de colocarlas.”
Las maneras de Firo pasaron, en un instante, de enfadadas
y arrogantes a respetuosas.
Oficialmente, Ronnie era el secretario de la Familia
Martillo. De forma no oficial, era el segundo al mando de la organización.
“Hmm. Ya veo… Asi que salieron corriendo. ¿Pero a donde
han ido?”
“No es nada, no te preocupes por ello. No tienen ningún
otro sitio donde quedarse, volverán cuando tengan hambre.”
“…No importa. De todas formas, tengo que salir, así que si
me los encuentro les convencerá para que se vuelvan conmigo.”
(2) Un fantasmal jinete que monta un caballo sin cabeza
por las noches, pisoteando a los desaventurados viajeros
Los ojos de Firo se abrieron de sorpresa ante la oferta
del ejecutivo.
“¡N-no, si no pasa nada, de verdad! No tienes por qué
mol-“
“Si me los cruzo, se lo diré. Si no, pues nada.” Ronnie
dijo con calma, sacando un puñado de pimenteros de la bolsa de papel y
colocándolos en la barra.
“Y he oído que los trabajadores de las obras cerca del río
fueron atacados por un extraño grupo de gente. Probablemente no sea nada, pero
no hay nada malo en que nos conduzcamos con un poco de cautela.”
Terminó de vaciar el contenido de la bolsa e
inmediatamente se giró para irse de nuevo.
Una esbelta silueta se levantó para salirle al paso.
“Quiero ir contigo.”
“Ennis.” Dijo Firo, sorprendido, mirando a la joven del
traje negro. “Ya os lo he dicho, no os preocupéis por ellos. Vendrán por su
propio pie tarde o temprano.”
“Pero lo que ha dicho el Sr. Ronnie me preocupa, así
que...”
Ennis se acercó a Firo y se inclinó sobre él, con los
labios casi rozando su oreja.
“… Por favor, piensa en una disculpa mejor mientras
estamos fuera.” le susurró, como un adulto alecciona a un niño. En vez de
enfadarse o ponerse a la defensiva, Firo se puso rojo y solo pudo asentir
débilmente.
“Va-vale…”
Firo frunció el ceño de forma exagerada y desvió la mirada
como un niño pequeño. Ennis sonrió con dulzura y se dio la vuelta, saliendo por
la puerta a las calles de Nueva York.
La vio irse y se fue girando despacio, esperando lo peor.
Pero ya nadie le estaba observando; parecía que todos habían
vuelto a sus asuntos, sirviendo comidas o leyendo el periódico.
Firo soltó un nuevo suspiro, esta vez de alivio, y se
sentó a la barra para acabar su café.
Otro hombre tomó asiento a su lado, como si fuera la cosa
más natural del mundo.
“Hey.”
“Maiza…”
Era un hombre alto que llevaba un par de gafas. Maiza
Avaro, el contable de la Familia Martillo y mentor de Firo.
Él se había mantenido al margen cuando todos los demás
estaban lanzándose a la yugular de Firo. ¿Quizás había esperado a que el
muchacho se quedara a solas? Firo miró a Maiza por el rabillo del ojo,
intentando adivinar las intenciones del hombre.
“Firo,” Dijo Maiza, con su apacible expresión siempre
imperturbable, “no lo hiciste adrede, ¿verdad?”
“… ¿Hacer él qué?”
“Digo que tiraste las fichas a propósito.”
Hubo un largo silencio.
El tono de Maiza fue suave pero claro. Firo buscó
alrededor si alguien lo había oído, pero parecía que nadie estaba escuchando la
conversación.
“No sé de qué estás hablando.”
“Firo.”
Aunque la voz seguía siendo amable, la fuerza en ella era
la suficiente como para disuadir a Firo de que se fuera por la tangente.
El chico se mantuvo callado por un momento, pero al final
cedió.
“… Sí.”
“¿Por qué?”
Firo lo pensó y respondió lacónicamente.
“Estaba asustado.”
“¿Asustado?”
“Ese viejo, Szilard. Sus recuerdos que tengo en la cabeza
van más allá de lo que puedo entender.”
Szilard.
La repentina mención de este nombre hizo que Maiza se
quedara en silencio.
“Creo… creo que esto debe ser algún tipo de karma para nosotros los inmortales, algún tipo de represalia de nuestros destinos
originales por haber sido borrados.”
______
“Maldita sea… ¿Tienes idea de cuánto le hemos pagado a
esos Iformadores para conseguir una pista de tu paradero? Esa gente es como una
tumba en cuanto a inmortales se refiere. Prácticamente les hemos metido el
dinero hasta la garganta para saber dónde estabas. Creo que nos merecemos un
poco de agradecimiento, ¿no?”
“… Como si me importara.”
“Jaja, tienes razón. Quizás debamos descubrir que es lo
que tú conoces, Sr. Genoard. ¿Cuánto sabes sobre los inmortales?”
Una pintoresca banda caminaba por la calle que desembocaba
en Little Italy.
Eran los Larvae, con Tim a su mando.
A primera vista podía parecer un grupo de sinvergüenzas
del barrio normal y corriente, pero algunos estaban vestidos con trajes,
haciendo difícil definirlos.
“¿Cuánto te contó Szilard Quates cuando te convertiste en
inmortal?” Le preguntó Tim a Dallas, que caminaba unos cuantos pasos por detrás
del grupo de diez personas.
“Ni que te lo fuera a decir.” Gruñó Dallas, todavía
mirando con odio a la parte trasera de la cabeza de Tim.
“Entonces te explicaré lo básico en caso de que no lo
sepas. Lo primero, y más importante, es que tú no eres un inmortal de verdad. No pueden matarte, pero puedes envejecer. Estas en un estado de semi-inmortalidad, porque
aun puedes morir de viejo. Se podría decir que eres defectuoso.”
… Este hijo de puta tiene un
talento especial para tocarme los cojones.
La mirada de Dallas se intensifico, pero por supuesto la
cabeza de Tim no sufrió daño alguno.
“Los verdaderos inmortales son un puñado de alquimistas
que hicieron un trato con un demonio hace unos doscientos años, y bebieron el
elixir de la inmortalidad.”
“¿Alquimistas?”
“Wow, ¿en serio tengo que explicar todo eso? Adelle,
explícale esa parte por mí, ¿si?”
“¿Qué? ¡Oh, vale!” respondió Adelle sobresaltada.
Llevaba unas ropas blancas que habían sido confeccionadas
para facilitar el movimiento, y portaba un extraño artilugio con forma de palo
a su espalda. Parecía algún tipo de arma, pero Dallas no podía imaginar de qué
arma se trataba. Aunque, honestamente, no es que se preocupara mucho por
hacerlo.
No le gustaba nada la chica, la cual parecía tímida y
asustadiza por cualquier minucia. Y por encima de todo, Tim le había dicho que
si no seguía sus órdenes, Adelle sería la que matara a su hermana. Solo de
pensarlo, quería matarla.
… No parece que pueda
asesinar a nadie, pero…
Dallas se detuvo y sacudió su cabeza.
Hace tres años, una chica muy parecida a Adelle le había
pateado el trasero. Su nombre era Ennis, y escupió con desprecio a la par que
recordaba el rostro que correspondía a ese nombre.
“… Bueno, ah, los alquimistas eran gente que, bueno,
hacían… Ah, perdona, ¿estas escuchando?”
“¿Parece que lo está haciendo, idiota?”
“N-no tienes por qué ser tan desagradable…”
Fingió, sin ningún entusiasmo, que escuchaba el resto de
la historia y luego miró con desdén a Tim.
“¿Y cuál es el problema con estos inmortales entonces?”
Tim soltó una risotada y le contestó, “Bueno, para ir al
grano, hemos oído rumores de que hay unos cuantos verdaderos inmortales en esta
zona. Esta información la oyó nuestro jefe Huey de los Informadores, aunque no
la hemos comprobado por nosotros mismos, da pie a pensar que el anciano que te
hizo inmortal, Szilard, fue devorado
por uno de estos inmortales hace un tiempo.”
Devorado. Era una expresión extraña,
pero Dallas pudo hacerse fácilmente una imagen mental de ello.
Lo recordaba con total claridad. Había ocurrido justo
después de que se convirtiera en un inmortal incompleto. Szilard simplemente
había posado su mano derecha sobre la frente de uno de sus compañeros y el
hombre fue succionado por la palma.
“Ya sabes, los verdaderos inmortales pueden devorar a
otros con sus manos derechas, incluyendo a defectuosos como tú. Pero tú, por el
contrario, no puedes devolverles el favor. Más bien existes solo para ser
explotado.”
“Cierra la boca y deja de joderme.”
“Vale, vale, no te enfades tanto. Como sea, para abreviar,
nuestro jefe, Huey Laforet, es uno de
esos verdaderos inmortales,” apuntó Tim, revelando con tranquilidad los
entresijos de su organización al forastero, Dallas. Pero a Dallas poco parecía
importarle los secretos que le estaban descubriendo y escupió de nuevo, como si
metiera prisa a Tim para que llegara al fondo del asunto.
“¿No tienes curiosidad por saber quién devoró a Szilard?”
“¿Por qué podría tenerla?” preguntó Dallas con recelo,
pero Tim hizo caso omiso a su pregunta y pronunció un nombre.
“Firo Prochainezo.”
Dallas detuvo la marcha.
Dedujo lo que implicaba haber oído ese nombre, inmóvil en
el centro de la calle.
Uno, ese gilipollas sigue
vivo
Dos, ese gilipollas es un
verdadero inmortal.
Tres, ese gilipollas puede
matarme a mí, pero no yo a él.
“Me estas vacilando,” murmuró, intentando, pero no
consiguiéndolo, negar la conclusión que le abofeteó, a la par que se le perlaba
la frente de sudor.
Se encontró presa de la realidad. De que se había
convertido en el ser más débil del mundo entero.
___________
Inmortal.
Firo Prochainezo era inmortal.
Se había convertido en ello de pura casualidad, cuando se
vio envuelto en una reyerta entre alquimistas tres años atrás.
Y no fue solo él. Todos los ejecutivos de la Familia
Martillo, los tres jefes de la Familia Gandor, la pareja de ladrones Isaac y
Miria, varios familiares de esos ejecutivos de los Martillo, y dos empleados
del Alveare…
Toda esta gente había sido obsequiada con la inmortalidad
en cuestión de una noche.
Szilar Quates fue uno de los alquimistas que había
propiciado todo el acontecimiento, pero toda su experiencia vital y sus
recuerdos fueron absorbidos aquella noche por un tal Firo Prochainezo.
No solo sus recuerdos y su experiencia, también su pasado…
Todo lo que él una vez fue.
“Los recuerdos de ese viejo todavía están dentro de mí… Fue
una persona realmente horrible. Creo que puedo recordar que con que cosas
disfrutaba… pero para ser sincero, no puedo entender ninguna de ellas.”
Firo removió su café y empezó a desahogar todos sus
pensamientos con Maiza.
“Él… él era el más feliz cuando le arrebataba a alguien
todo lo que esa persona había conseguido. No importaba si le tomó mucho tiempo
y esfuerzo; todo lo que importaba era que fuera algo preciado para alguien, y
entonces se lo arrebataba. Disfrutaba muchísimo con esto, ¡muchísimo más de lo
que yo he disfrutado con nada en mi vida! No sé qué pensar. Mis recuerdos han
cambiado. Pareciera que él era más feliz cuando devoraba a alguien que yo
cuando fui nombrado capo.”
Maiza ni asintió ni negó, siguió escuchando en silencio.
“Ni siquiera los entiendo, esos recuerdos, pero… ahora son
parte de mí.”
La emoción terminó por aflorar al semblante de Firo con
crudeza. Era terror, puro y absoluto, como el de los niños.
“Tengo miedo.”
Maiza no dijo nada.
“¡Tengo miedo, Maiza! Mientras esos recuerdos sigan dentro
de mí, quizás algún día acabe como él…”
La voz de Firo se elevó presa del pánico, pero Maiza
simplemente alzó una mano.
El joven se concentró en la palma de la mano y recuperó el
temple, ahogando la mirada en la taza de café mientras se perdía en sí mismo.
“Lo… lo siento.”
“No, es bastante comprensible.”
“No, es bastante comprensible.”
La camarera dejo un café delante de Maiza también. Añadió
dos terrones de azúcar y lo movió, manteniendo sus ojos fijos en la taza
mientras hablaba con tranquilidad.
“Y por eso es por lo que tienes que asegurarte.”
Esta vez era el turno de Firo de permanecer callado y
escuchando.
“Tienes que ver si también sientes algún tipo de
autorrealización, de placer al arrebatar y destruir algo por lo que otros han
trabajado por conseguir,” dijo Maiza. Firo no podía contradecirle.
“No querías, pero la necesidad era demasiado imperiosa.
Quizás te pudieras sentir feliz. Quizás no, y toda tu preocupación seria por
nada. Por eso pensaste en experimentar con algo que no pudiera hacer daño real
a nadie…”
Firo miró fijamente a Maiza.
“… ¿Puedes leerme la mente o algo así?”
“Es solo una teoría,” sonrió Maiza. “Por lo tanto, Firo.
Dime, ¿Cómo te has sentido al quitarles las cosas por las que habían trabajado
tan duro?”
Se abstuvo de emitir una conclusión, en vez de eso
preguntó por el resultado.
Quizás Firo había estado esperando la pregunta, porque
contesto al momento, “Cuando los vi llorando, me hubiera gustado abofetearme.”
“Jaja. Me alegro de oír eso.”
Maiza no había esperado menos, y echó la cabeza atrás
riendo ante la contestación de Firo. Los dos compartieron unas amigables risas
y dieron un sorbo al café.
“Daré lo mejor de mí para olvidarme de él.”
“Eso no es necesario. Todo lo que tienes que hacer es
aceptarlo y superarlo. Ser capaz de cortar los lazos si ves que te está
arrastrando.”
Firo lo sopesó y respondió, “Lo intentaré.”
Dio otro trago al café.
“Pero… ¿crees que puedo desligarme del pasado y las
emociones de otro yo solo?”
“Creo que es un dilema al que se enfrenta todo el mundo,
no solo los inmortales.” dijo solemnemente Maiza, y añadió otro terrón de
azúcar a su taza.
“Aunque ese pasado haya sido algo que has experimentado
por ti mismo, quizás necesites deliberar un poco más si dejarlo ir.”
Lamió la cucharilla del café y se quedó mirando a algo muy
lejano, con la mirada perdida.
“Todo el mundo es capaz de superar la tristeza y el dolor
únicamente con sus propios esfuerzos.” Murmuró relajadamente, pero había una
pizca de convicción que desmentía su tono bonachón. El hombre que invocó a un
demonio hace tanto tiempo, el primero entre sus compañeros en agarrar el
secreto de la inmortalidad, dio voz a su filosofía de vida.
“Eso es lo que creo.”
_______
“¡Grrr… Maldito Firo! ¡Tenemos que hacer que diga ‘tío’!”
“¡Llorará lagrimas amargas!”
“Espera, ¿vamos a hacer que diga ‘tio’ y que derrame lagrimas amargas? ¿No
crees que eso es un poco cruel, Miria querida? ¡Creo que con lo de ‘tío’ es
suficiente! ¡Le perdonaremos después de eso!”
“Wow, Isaac. ¡Eres tan amable!”
Isaac y Miria habían estado dando vueltas sin rumbo por
las calles de Little Italy tras salir
corriendo del Alveare.
“Claro… Quizás podemos darle un papel con la palabra ‘tío’
escrita en él y decirle que la lea en voz alta. O podemos encontrar al tío de
Firo y organizar una reunión familiar “
“¡Es el plan perfecto! ¿Pero por qué quieres hacerle decir
‘tío’?”
Isaac hinchó su pecho con orgullo como si hubiera estado
esperando la pregunta.
“¡En realidad la expresión es algún tipo de canto
proveniente de Japón! En el periodo Edo, solían decir ‘oncle’, ¡pero un japonés
llamado Uchida Roan lo cambió por ‘uncle’! Estaba escrito en un libro llamado
Las Cien Caras de no sé qué y no sé cuántos… ¡probablemente era alguna novela
sobre un astuto ladrón como Arsène Lupin! (1)
“¡Eres muy inteligente, Isaac!”
Isaac hinchó aún más su pecho ante el alago de su
compañera.
“¡Por supuesto! ¡No sé leer japonés pero le pedí al Sr.
Yaguruma que me lo leyera por mí! ¡Perfecto, ¿a que sí?!”
“¡ Eso es lo que llaman contratar ayuda!”
“… Espera, no recuerdo si de verdad había un astuto ladrón como Lupin en esa historia.”
Dijo Isaac meditabundo, dando voz a una preocupación que una persona normal ya
hubiera apuntado con anterioridad. Miria, sin embargo, se lo tomó todo con
calma y dio una solución que ayudara a resolver su tribulación.
“Él estaba allí, ¡pero probablemente no le pudiste ver
porque se estaba escondiendo! ¡Qué tipo tan escurridizo!”
“¡Tienes razón! ¡No le llaman el hombre de las mil caras
por nada!”
“Ni siquiera un todomeki (2) sería capaz de verle!”
(1) La traducción de ‘tio’ en inglés es ‘uncle’ de ahí el
juego de palabras. Uchida Roan fue un crítico, autor y traductor de la era
Meiji. Arsene Lupin fue un caballeroso ladrón creado por el autor Francés
Maurice Leblanc.
(2) Monstruo con forma de mujer y cien ojos creciendo en
sus brazos.
“¡Maldita sea, debe de haber robado en mi mente mientras
estaba distraído!”
Los dos fueron sacando temas cada vez más bizarros a la
par que discutían su próximo plan de acción.
“Pero Firo es mucho peor que eso. ¡Robó más que mi
corazón! ¡Se ha llevado mis sueños y esperanzas, mi tiempo! ¡Le declaro la
guerra a Firo!”
“¡Una guerra para la posteridad!”
“¡Por las fichas de dominó! ¡No nos rendiremos hasta que
pida disculpas por cada una de ellas que derribó! ¿Estas preparada, Miria?”
“¡Claro que sí…Ah!” gritó Miria, ocurriéndosele algo que
cortó abruptamente su ataque de euforia.
“Pero Isaac, ¿Dónde vamos a dormir esta noche? Hemos
dejado todo nuestro dinero y pertenencias en el restaurante.”
“¡No te preocupes, Miria! Hay un dicho originario del
lejano Este, ¿no le conoces? ¡Tener un puerto en cada tormenta!”
“¿Qué significa eso?” preguntó Miria con curiosidad.
“Supongo que significa que no importa el tipo de puerto en
el que estés, siempre y cuando haya una tormenta, habrá botes esperando para
llevarte a donde sea… En otras palabras, podemos dirigirnos a donde queramos
que las cosas saldrán bien de un modo u otro!”
“¡Se puede confiar tanto en ti, Isaac!”
Con la adoración de Miria resonando en sus oídos, el
pequeño detalle de que estaba completamente equivocado no le importaba en
absoluto a Isaac. Se embarcó en un nuevo tren de pensamientos para ver si podía
impresionar aún más a su compañera.
“Ya lo tengo. ¡Jajaja, Miria! Significa que el Cielo va a
mandar a Noé con su arca para salvarnos, como hizo con Moises!”
“¡Como la gran inundación de Egipto!”
“Jaja, eso significa que tenemos los Diez Mandamientos. ¡
Le ordenaremos a Firo que se disculpe por las fichas de dominó diez veces! ¡En
nombre del dios de los dominós!”
“¡Así que por eso lo llaman dominio! ¿Qué más te ha dicho
el dios dominó, Isaac?” inquirió Miria, con sus ojos brillando de emoción ante
el improvisado plan de Isaac.
“¡Tenemos muchísimos amigos más en los que confiar aparte
de Firo! ¡Podemos pedirles alojamiento para esta noche!”
“¡Que plan tan genial!”
La pareja se puso en marcha inmediatamente, sin plantearse
ni por un instante que sus dudosos planes no fueran a dar resultado.
El cielo estaba nublado, pero de alguna manera ellos
brillaban a pesar de todo. Casi parecía que fueran el centro del mundo.
_______
Un momento después de que se marchara la extraña pareja, otra
nueva apareció en el mismo lugar.
Uno de ellos era un hombre con los ojos afilados que
llevaba un abrigo, y la otra era una joven esbelta que vestía con un traje de
oficina.
Ronnie y Ennis.
Parados en medio de la calle y mirando alrededor los dos
formaban un extraño, aunque no completamente dispar, dúo.
“Hmm, parece que llegamos tarde… Bueno, no importa.”
“¿Deberíamos separarnos y buscarles… Sr. Ronnie?”
Ennis se giró para mirar hacia Ronnie, el cual estaba
cavilando con sus ojos cerrados y los dedos sobre la frente.
“¿Sr. Ronnie? ¿Algo va mal?” preguntó Ennis con cautela, y
Ronnie abrió los ojos despacio.
“… Parece que se dirigen al mismo lugar que yo… No te
preocupes. Por aquí.”
“¿Disculpe? ¿Qué?”
Ennis lo siguió, con el desconcierto en su rostro.
“Espere, Sr. Ronnie… ¡Espere!”
Ronnie se encaminó inmediatamente a cumplir su misión,
como si pudiera ver a donde habían ido Isaac y Miria… Era como si sus ojos lo
vieran todo.
Ennis desistió de insistir más y decidió seguirle
simplemente.
Me pregunto por qué el Sr.
Ronnie hace esto de cuando en cuando. Lo hace cada vez que está buscando algo.
Y termina encontrándolo, sea lo que sea, como si pudiese ver dónde están las
cosas pero sin mirar.
Había sentido desde hacía tiempo extrañas vibraciones del
hombre llamado Ronnie. Parecía diferente a los humanos normales. Mas similar a
su viejo maestro Szilard, o a Maiza o Firo.
Lo que más perpleja la dejaba es que tenía la sensación de
que le había conocido en algún otro lugar antes.
Rebuscó en los recuerdos del inmortal que había devorado
mucho tiempo atrás, pensando que quizás esa sensación tuviera raíz en los
recuerdos de él… pero aun así falló el intento de recordar el pasado de Ronnie
Schiato.
_______
“¿Entonces a dónde vamos?”
“¿Mmm?” murmuró Tim, y respondiendo con facilidad.
“Millionaire Row. ¿Por qué?”
“¿Millionaire Row?...”
Dallas bajó la guardia por un momento al escuchar el
nombre del vecindario más opulento de todo Manhattan. Era un lugar para gente
rica, no para una panda de sinvergüenzas como el grupo de Tim.
El propio Dallas, por supuesto, era diferente. Venia de
una de las familias más ricas de Nueva Jersey, y hoy en día había una imponente
mansión construida por su abuelo en el barrio.
Había sido uno de los herederos de esa gran fortuna, pero
habia habido alguno que otro roce con el resto de su familia excepto con su
hermana, y al final terminó yéndose de casa, viéndose envuelto en los
tejemanejes de Szilard, y de una forma u otra habia acabado donde estaba ahora.
“Ese lugar no está hecho para basura como vosotros,
imbéciles.”
“… Tu arrogancia nunca deja de fascinarme,” repuso Tim,
sonriendo ligeramente. Miró a Dallas como si se tratara de un nuevo tipo de
vida. “Entiendo por qué Huey está interesado en ti.”
“¿Eh?”
“Oh, haz como si no hubiese dicho nada, ¿vale? Bueno,
sobre nuestro destino, apostaría a que
tú mismo has estado allí unas cuantas veces.”
Dallas se sorprendió y de pronto se dio cuenta de a lo que
se refería Tim.
“¡Gilipollas, estás yendo hacia mi casa, ¿no?! ¿Por qué…?
Ahora no hay nadie all… Espera, ¡¿los hay?! ¡Hey! ¡Eve no estará allí,
¿verdad?! Si os atrevéis a…”
“Bueno, tienes razón en una cosa. Un aplauso para nuestro
invitado por acertar el lugar… Aunque, el resto no es correcto.”
Tim siguió caminando, con el semblante serio para atajar
cualquier grito airado de Dallas.
“No te preocupes. Tu hermana pequeña no está allí.”
Se rio en silencio, y murmuró algo que Dallas no podía
comprender.
“En su lugar hay un pequeño grupo de delincuentes
hospedándose en la casa…”
“Aunque creo que sería más correcto llamarles el cebo.”
_______
“Así que, amigo,
¿Dónde están la gente que andamos buscando?” preguntó María a su compañero
mientras caminaban por Broadway, claramente aburrida.
Miles de anuncios engalanaban la calle como pétalos de una
flor, y entre ese torbellino de publicidad se podían intuir numerosas
carteleras coloridas. Algunas eran tan llamativas que uno podría llegar al
error de que estaban iluminadas por luces de neón en vez de por el sol que se
alzaba alto en el cielo, y de hecho, varias de ellas brillaban con luminosas
luces fluorescentes.
Las hermosas decoraciones dibujadas en los anuncios se
unían para formar un gran mosaico, tan grande que había que girar el cuello
para verlo todo de una vez, y estos mosaicos, a su vez, se unían para formar el
gran anuncio conocido como Broadway.
Pero incluso en tan extravagantes circunstancias, la
belleza de María llamaba la atención de muchos ojos, y varios hombres pararon
lo que estaban haciendo para silbarla cuando pasó por su lado. Probablemente
pensaran que era una actriz.
María, por su parte, era completamente inconsciente de
estas miradas de admiración. En su cabeza se estaban formando terribles
pensamientos sobre como blandir sus espadas de la manera más eficiente para
acabar con todos los que la rodeaban.
Su pregunta fue un intento de quitarse el aburrimiento de
encima tras haber realizado tal masacre mental.
“¿Una fábrica abandonada? ¿Un sótano? ¿Dónde nos estás
llevando, amigo?”
Era una pregunta que debería haber hecho mucho antes, pero
a Tick no pareció importarle.
“Mmm, bueno… Esa una casa en Millionaire Row que pertenece
al Sr. Genoard.”
“¿Por lo tanto ese
tal Genoard es nuestro objetivo de hoy? ¿Puedo rajarle?” quiso saber
María con la excitación revoloteando en su pecho, pero Tick sacudió la cabeza.
“No, mmm, la gente que vive ahí ahora mismo están
dirigidos por alguien llamado…”
Sacó una nota de su bolsillo y leyó el nombre escrito en
ella.
“Veamos, tiene un tatuaje en la cara…”
Tick tuvo que leer hasta el final para encontrar el nombre
que estaba buscando.
“Eso era, ¡es Jacuzzi! Estamos buscando al Sr. Jacuzzi
Splot.”



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